¡Seguro! Aunque me encanta que me lo digas. De hecho, yo también se lo digo cada dos por tres a mi vecina del quinto piso. La señora es ya un poco mayor y se pone tan contenta cuando le digo que cada día la encuentro más joven.
Rylan:
¿Cada dos por tres? Vaya, ¿es que cuentas las veces que se lo dices?
Recuerdo que mi prima de Valencia, usaba unas gafas graduadas cuando era pequeña. Si no las dejaba en el mismo sitio, era un problema, porque sin gafas, no veía nada.
Rylan:
Claro, sin gafas no ves, y si no ves, no puedes encontrar las gafas.
Sí, siempre iba con gafas rojas, verdes…y muy grandes. La gente pensaba que era una chica muy excéntrica, pero en realidad, llevaba esas gafas para no perderlas.
Rylan:
Bueno, en realidad sería para encontrarlas más fácilmente.
No, no… me encantan tus gafas. No creo que para seguir la moda tengamos que cambiar de gafas cada dos por tres. Con que te sientes bien con ellas, creo que ya es suficiente.