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Y seguimos con decisiones que pueden afectar a la vida de muchos. Últimamente, desde Australia solo han llegado malas noticias sobre la lucha contra el calentamiento global. La última noticia del programa refleja un esperanzador cambio de tendencia.

Un juez australiano planta cara al carbón

2018 fue un año negro para el medio ambiente en Australia. El primer ministro, Scott Morrison, se permitió decir que el país cumpliría los compromisos del acuerdo climático de París sin necesidad de esforzarse mucho. Entretanto, su Gobierno no hizo nada por reducir las emisiones, que ya en 2017 habían sido las más altas de la historia en Australia. 2018, como no podía ser de otra manera, volvió a ser un año récord para las emisiones del país.

En octubre del año pasado, el panel sobre el cambio climático de la ONU, el IPCC, urgió a todos los países del mundo a tomar acciones inmediatas contra el calentamiento global. La reacción del vice-primer ministro australiano, Michael McCormack, fue decir que el país continuaría explotando sus reservas de carbón, y que no cambiaría sus políticas en base ano sé qué informe”.

La irresponsabilidad demostrada por políticos como Morrison y McCormack me parece atroz. Pero quizá no todo está perdido. El pasado 8 de febrero, Brian Preston, el magistrado jefe del Tribunal del Territorio y Medio Ambiente de Nueva Gales del Sur, en Australia, emitió un veredicto que podría cambiar muchas cosas.

Tras haber denegado el Gobierno de Nueva Gales del Sur el proyecto de Gloucester Resources para una mina de carbón a cielo abierto en Upper Hunter Valley, la compañía presentó un recurso en febrero del año pasado. Ahora, el magistrado Preston vuelve a rechazar la polémica mina.

En su veredicto, el juez presenta dos argumentos para sustentar su decisión. Por un lado, el terrible impacto visual y social de una mina a cielo abierto en un entorno natural de gran belleza. Y el segundo razonamiento, el que podría tener mayores consecuencias de cara al futuro, es que “la mina de carbón incrementará la concentración global de gases de efecto invernadero, en un momento en que lo que se necesita con urgencia es una reducción rápida y pronunciada de las emisiones”.

Es la primera vez que una corte australiana rechaza autorizar una mina de carbón en base al cambio climático. El tribunal presidido por el magistrado Preston ha hecho algo que muchos líderes mundiales, y desde luego el actual Gobierno australiano, se han mostrado incapaces de hacer: asumir la evidencia científica. Sin excusas. Con todas las consecuencias. Si otros tribunales, en Australia y en todo el mundo, siguen el ejemplo del juez Preston, los científicos del cambio climático podrían contar a partir de ahora con una gran ayuda: la ley. Poderoso aliado.