Screen width of at least 320px is required!
/
¡Hola a todos, les doy la bienvenida a un nuevo episodio de nuestro programa informativo semanal! Soy Gonzalo, y hoy es miércoles, 22 de agosto de 2018. Hoy empezamos el programa discutiendo un tema doloroso, del que ojalá no necesitáramos hablar… pero que no podemos ignorar.

Los abusos sexuales, en el ADN de la Iglesia Católica

El magnífico trabajo periodístico del Boston Globe en 2002, sobre los abusos sexuales de la Iglesia Católica, dejó muy claras una serie de cosas. La primera es que no se trataba de un pequeño número de casos aislados, sino de una epidemia. Una tragedia afectando a miles de víctimas que, la mayoría siendo niños, sufrieron violaciones y abusos sexuales perpetrados por cientos de curas de la archidiócesis de Boston.

Otra de las principales conclusiones del Globe fue que, durante décadas, la cúpula eclesiástica conoció y encubrió de manera metódica los abusos. El único objetivo de los altos cargos de la Iglesia, en su campaña sistemática de encubrimiento, fue proteger a sus miembros y a la institución. Pero nunca a las víctimas que, desamparadas, quedaron con frecuencia a merced de nuevos abusos.

Ahora, más de 15 años después, el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, ha hecho público el informe oficial más completo hasta la fecha sobre los abusos sexuales de la Iglesia Católica en Estados Unidos. Durante más de dos años, un gran jurado ha analizado más de medio millón de documentos de los archivos secretos de la Iglesia, y ha recopilado el testimonio de cientos de víctimas.

Escuchando la rueda de prensa de Shapiro, el pasado 14 de agosto, volví a sentir los mismos escalofríos que en 2002. Los relatos de los abusos recogidos por el informe son horripilantes.

El nuevo informe describe detalladamente el proceso sistemático seguido por los líderes eclesiásticos para encubrir los abusos: no hablar nunca de violación, utilizando siempre eufemismos; evitar investigaciones conducidas por personal preparado; aparentar integridad, enviando a los curas involucrados a procesos de “evaluación”; no dar explicaciones a la comunidad y trasladar a los perpetradores de diócesis; etcétera.

Uno de los aspectos importantes del informe es señalar el fracaso de las autoridades en perseguir a los perpetradores. Por lo que sé, tras el escándalo de Boston solo dos, de los cientos de curas implicados, acabaron en prisión. Si vamos a combatir a los depredadores sexuales de la Iglesia, algo tiene que cambiar. Eliminar la prescripción de estos crímenes sería un paso importantísimo. Pero una solución incluso más efectiva sería, en mi opinión, eliminar el celibato de los curas. Quizá en el próximo milenio.