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El acceso a una vivienda digna es un derecho humano fundamental, y ningún país civilizado puede renunciar a él. La atención médica es otro derecho irrenunciable. En décadas pasadas, en España hemos disfrutado de un buen sistema de salud pública. Pero últimamente nuestra sanidad atraviesa dificultades, como les contamos a continuación.

La sanidad española, fuera del “top ten” mundial

Los españoles siempre habíamos presumido de nuestro sistema sanitario. De su calidad y del hecho de que es completamente gratuito. Pero, en los últimos años, ya no alardeamos tanto. La atención primaria sigue siendo buena, aunque, si se necesita ver a un especialista u operarse en nuestro país, hay que prepararse para la lista de espera. Los tiempos de demora varían mucho entre las diferentes Comunidades Autónomas. Pero, a día de hoy, esperar 100 días para pasar por quirófano, o 60 para el especialista, es lo habitual.

Los rankings internacionales de sistemas de salud reflejan esta situación, y ya no sitúan a España entre los países con mejor sanidad del mundo. El pasado 11 de agosto, el periódico “online” Público comentaba el estudio anual de la prestigiosa revista médica The Lancet, que evalúa la atención sanitaria de casi 200 países. Este año, España ocupa el puesto 19 de la clasificación, con 92 puntos. Una caída significativa respecto a 2017, cuando ocupamos el 8º puesto, con 90 puntos.

Aunque varios medios han disparado las alarmas por la salida de España del “top ten” sanitario, los problemas de nuestro sistema de salud no han aparecido repentinamente durante el último año. En gran medida son el resultado de la crisis de 2008, y de los recortes presupuestarios derivados de la política de austeridad. De hecho, la puntuación otorgada a nuestro país por The Lancet ha aumentado en dos puntos respecto a 2017. Nuestra caída en la clasificación parece ser el resultado de la mejora de otros países, más que de un empeoramiento del sistema español.

En cualquier caso, la percepción de muchos españoles es que nuestro sistema sanitario sí que ha empeorado. A medida que la economía se recupera, debería recobrarse también el nivel de gasto público en sanidad. No obstante, diversos estudios indican que no existe una correlación directa entre el presupuesto de un sistema de salud y los tiempos de espera, el problema más grave que veo ahora mismo en España.

Islandia, en primera posición del ranking de The Lancet, dedicó en 2017 —según datos del diario económico Expansión— un 15,7% del gasto público a sanidad, por un 14,5% de España. Y el gasto público de ambos países respecto al PIB es también muy similar. Con una población de 350.000 habitantes, el sistema sanitario islandés probablemente sea más fácil de gestionar. Pero en España la sanidad está descentralizada, con lo cual, en realidad, no tenemos un gran sistema centralizado, sino 17 sistemas de menor tamaño. Yo concluyo que debemos seguir invirtiendo en sanidad, pero de manera más inteligente. Pongámonos a trabajar.