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Contar con un buen sistema de atención médica es fundamental, pero la salud pública va mucho más allá. Debemos prevenir enfermedades, y no solo curarlas. Evitar la contaminación del medio ambiente es clave para acercarnos a ese objetivo. Pero, como veremos en la siguiente noticia, queda mucho trabajo que hacer.

Greenpeace cierra tres playas de las Canarias

Las Islas Canarias son uno de los destinos turísticos más populares de España. Gente maja, buen tiempo la mayor parte del año, playas preciosas… Pero hay algo que, por motivos obvios, los folletos turísticos no cuentan. Con relativa frecuencia, las autoridades canarias se ven obligadas a cerrar playas por contaminación del agua.

Es una situación que, desgraciadamente, lleva años ocurriendo. Según datos del Gobierno canario, citados por la organización ecologista Greenpeace, del total de 394 vertidos de aguas al mar en las Canarias, nada menos que 277 son no autorizados. Como pueden imaginarse, se trata de aguas sucias, sin depurar.

Conociendo este dato, los 1.000 puntos de vertido ilegal identificados recientemente por la Unión Europea en nuestro país no parecen una exageración; más bien al contrario. Y la multa de 12 millones que recibimos hace poco de la UE, por incumplimiento reiterado de la legislación europea de tratamiento de aguas residuales, probablemente no será la última. Hay tantísimo trabajo por hacer.

El pasado 10 de agosto, Greenpeace cerró simbólicamente tres playas de Tenerife: La Tejita, El Médano y Valle de Güímar. Los activistas desplegaron carteles con mensajes como “la playa no es una cloaca”. Y reclamaron poner freno a la urbanización descontrolada, apostando por un modelo de turismo sostenible.

Si lo he entendido bien, parece que el modus operandi que han adoptado las autoridades canarias consiste en lo siguiente: permitir los vertidos ilegales y, cuando el agua llega a niveles de contaminación demasiado elevados, cerrar discretamente las playas afectadas durante un tiempo. Un sistema totalmente deshonesto con los turistas, que, con toda probabilidad, ignoran el riesgo que corren de nadar en aguas contaminadas. Porque, siendo realistas, ningún sistema de control es efectivo al cien por cien.

Que los bañistas que acuden a una playa la encuentren cerrada es, al fin y al cabo, un problema menor. Pero la flora y fauna que vive en el ecosistema costero de las Canarias no puede irse a otro sitio; estamos contaminando su hábitat con nuestras aguas fecales, vertidos industriales y escapes de hidrocarburos.

Sacar a la luz un modelo económico perverso y deshonesto, como ha hecho Greenpeace, me parece una buena manera de acelerar los cambios que necesitamos. Los canarios, como muchos españoles, viven del turismo. Que se corra la voz de que las aguas de las Canarias están contaminadas es una perspectiva que sin duda infundirá terror en autoridades y comercios de las islas. Solución: en lugar de esconder el problema, depuren sus aguas. Hagan lo correcto.