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...muchas veces se ha dicho que el poder corrompe. Y no sólo corrompe la moral del gobernante, sino que además le obliga, al parecer, a intentar preservar ese poder a como dé lugar. No hay duda de que a muchos autócratas se les hace muy difícil abandonarlo. Lo estamos viendo ahora mismo en Venezuela y Nicaragua. El presidente de Argelia, al igual que Maduro y Ortega, quizá pague muy caro este típico error cometido por la mayoría de los déspotas...

La “primavera árabe” llega a Argelia

29 January 2029
La “primavera árabe” llega a Argelia
Saddek Hamlaoui / Shutterstock.com
Definitivamente no corren buenos tiempos para los dictadores y demás líderes autoritarios del mundo. En un muy interesante libro titulado "El Fin del Poder", el politólogo venezolano Moisés Naím defiende la idea de que hoy en día "el poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar, y más fácil de perder". Según el autor, hasta hace poco, la mayoría de los autócratas podían permanecer cómodamente aferrados al sillón presidencial durante largas décadas. Sin embargo, en la actualidad lo tienen cada vez más difícil. En palabras de Naím, algunas de las causas que han provocado este cambio son la revolución tecnológica y el desarrollo de las redes sociales, la amplia movilidad actual —tanto de personas como de dinero, productos y mercancías—, así como una revolución en la mentalidad y en los valores compartidos globalmente. Hoy en día, en un mundo hiperconectado, los líderes autoritarios tienen que hacer un arduo esfuerzo por preservar un aislamiento que les permita mantenerse en el poder.

Algo de esto lo presenciamos en el 2011 durante la "primavera árabe", un fenómeno multitudinario y regional que provocó, o estuvo cerca de provocar, la caída de los dictadores en Túnez, Libia, Egipto y Siria. Uno de los pocos países de la región que estuvo exento de convulsiones políticas fue Argelia. Hasta ahora. Finalmente, con algunos años de retraso, los ciudadanos argelinos parecen haber dicho basta al autoritarismo de Abdelaziz Bouteflika, un déspota de 81 años que ha permanecido ininterrumpidamente en el cargo desde 1999.

Bouteflika, a pesar de su avanzada edad, anunció públicamente el pasado 10 de febrero su intención de presentarse una vez más a las elecciones presidenciales del próximo 18 de abril. Sería la quinta vez que el político ganaría unas elecciones de las que nadie duda de que están amañadas. El anuncio provocó la indignación inmediata de la mayor parte de la población argelina, la cual lleva décadas ansiando una democracia real y genuina. A lo largo de los últimos días, miles de personas se han manifestado en las principales ciudades del país en contra de la candidatura de Bouteflika. Los ciudadanos no sólo han perdido la paciencia, sino también el miedo. Una marea humana ha desafiado la estricta ley que prohíbe manifestarse y ha salido a las calles para expresar su descontento. Algunos temen que aquello pueda derivar en una guerra civil, como la que hoy asola el territorio sirio. Sin embargo, son muchos más los que tienen la esperanza de que todo pueda desembocar en una transición pacífica, como la que experimentó Túnez hace unos años. Aún es muy pronto para saber en qué podrán desembocar estas jornadas de rabia colectiva. Lo único cierto es que Bouteflika, quien con toda probabilidad no ha leído aún el libro de Moisés Naím, debió pensárselo mejor antes de anunciar su nueva candidatura presidencial.