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Terminamos el programa con una noticia que nos llega desde Tailandia. ¿Se acuerdan de los niños que estuvieron atrapados en una cueva durante varios días? Todo el mundo estuvo en vilo, pendiente de que salieran sanos y salvos.

La semana pasada los protagonistas de esa historia volvieron a ser noticia, porque tres de los niños y su entrenador recibieron la ciudadanía tailandesa.

Tailandia le da la nacionalidad al entrenador y a tres miembros del equipo de fútbol que pasaron varios días atrapados en una cueva

En medio de la preocupación y los apuros por salvar a los 13 niños del equipo de fútbol Wild Boars y a su entrenador, salió a la luz que tanto el entrenador como tres de los jugadores no tenían la nacionalidad tailandesa.

Como es fácil de imaginar, el hecho de no tener la nacionalidad tailandesa limitaba sensiblemente la vida de estas personas. Por ejemplo, no podían optar a ningún cargo público, salir de la región en la que residían, ni votar en las elecciones. Y sin embargo, ninguno de ellos era extranjero. Todos habían nacido en Tailandia, y Tailandia era el único país que conocían. ¿Por qué, entonces, carecían de ciudadanía?

Según las estadísticas oficiales, en Tailandia hay casi medio millón de apátridas, personas que no tienen ninguna nacionalidad. En su mayoría se trata de rohinyá, una etnia originaria de Birmania a la que ese país niega la nacionalidad. El maltrato que sufren los rohinyá en Birmania hace que huyan a otros países de la región, como Tailandia. Su situación es muy parecida a la de varias tribus y minorías étnicas a las que el gobierno tailandés también niega la ciudadanía.

Al parecer, esta era la situación de los tres niños del equipo y su entrenador. Y no eran los únicos: otros miembros del equipo que no estuvieron atrapados en la cueva tampoco tienen la nacionalidad. Todos la habían solicitado antes del incidente. Y la semana pasada, unos pocos recibieron su tarjeta de identidad.

En todo el mundo, muchos han visto esta acción como un buen gesto del gobierno tailandés e incluso la Agencia de la ONU para los refugiados alabó a Tailandia por su decisión. Pero, ¿es realmente algo que deba causar orgullo?

El gobierno tailandés dijo que la concesión de la ciudadanía no tuvo nada que ver con el episodio de la cueva. Pero fue solo cuando los niños se volvieron famosos que su solicitud de nacionalidad fue aprobada. Además, las autoridades se han encargado de hacerle mucha publicidad a la noticia…

A finales de mayo, el gobierno francés hacía algo parecido con un joven africano que trepó la fachada de un edificio para salvar a un niño. Lo llamaron el “Hombre Araña de París” y al poco tiempo fue invitado a una reunión con el presidente de Francia, que le anunció que recibiría la nacionalidad francesa.

No estoy en contra de que se les haya dado la nacionalidad a estas personas, pero me resulta difícil aplaudir estas acciones. La única razón por la que ambos gobiernos decidieron darles la ciudadanía a estas personas es el hecho de que se hayan vuelto famosas.

La prueba de lo que estoy diciendo es otro caso muy parecido al del Hombre Araña de París, pero que recibió un trato muy diferente. Su nombre es Ayman Latrous, es de Túnez y hace tres años se metió a un departamento en llamas para salvar a dos niños. El alcalde de su localidad le dio una medalla y dijo que le ayudaría a conseguir los papeles para vivir legalmente en Francia. Pero, al poco tiempo, a Ayman le llegó una carta de deportación y desde entonces vive bajo esa amenaza.

Los gobiernos deberían trabajar para resolver la situación de las miles de personas que viven en su territorio sin papeles y sin derechos. Gestos como los del gobierno francés y el gobierno tailandés solo sirven para ganar popularidad, tapando unos cuantos agujeros de una pared que se está cayendo a pedazos.