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¿Quo vadis Bolivia?

20 November 2019
¿Quo vadis Bolivia?
Devin Beaulieu / Shutterstock.com
Carlos Trujillo tiene 18 años. Vive en un barrio acomodado de La Paz, capital de Bolivia, y desde que tiene uso de razón solo ha conocido a un presidente, Evo Morales, el líder del Movimiento al Socialismo. El pasado 20 de octubre ejerció, por primera vez, su derecho a votar en unas elecciones presidenciales, confiando en que los bolivianos optarían por un cambio de rumbo político. A medida que avanzaba el escrutinio, todo hacía presagiar que Bolivia necesitaría de una segunda vuelta entre Evo Morales y el aspirante Carlos Mesa para decidir quién sería el próximo presidente del país. Pero, de repente, y sin justificación alguna, el recuento se detuvo. Cuando se reanudó, Morales, que gobierna Bolivia desde 2006, había obtenido los votos suficientes para ser proclamado presidente en primera vuelta.

Las sospechas de fraude calaron enseguida en las filas de la oposición, y miles de personas se echaron a las calles para denunciar el pucherazo. Al mismo tiempo, una misión de observadores de la OEA detectó múltiples irregularidades en el proceso electoral y solicitó la repetición de los comicios. A partir de ahí, los acontecimientos se precipitaron a una velocidad vertiginosa. El presidente Morales, acuciado por la presión social e internacional, aceptó repetir las elecciones. Pero las fuerzas armadas, desconfiando de que pudiera garantizar unas elecciones libres, le conminaron a dimitir. Horas después, el líder socialista anunció su renuncia y viajó a México, donde recibió asilo político.

Junto con Morales dimitió también el vicepresidente Álvaro García Linera, dejando la presidencia interina de Bolivia en manos de la tercera autoridad del país, la presidenta del Senado, Jeanine Áñez, perteneciente a las filas opositoras. Desde entonces, el oficialismo y la oposición se acusan mutuamente de haber orquestado un golpe de estado y la tensión en las calles ha degenerado en violencia. Las cargas de la policía y del ejército contra los partidarios de Morales han dejado al menos una veintena de muertos.

En esta situación, creo que lo más urgente es que los políticos, de uno y otro signo, se comporten de forma responsable y hagan un esfuerzo por resolver la crisis mediante el diálogo. Harían bien en mirar al vecino Chile, donde, la semana pasada, los partidos políticos se pusieron de acuerdo para convocar un referéndum de reforma constitucional como vía de salida a la crisis política y social. La concertación y la voluntad de negociar son fundamentales en este momento tan crítico en la historia de Bolivia.

La nueva presidenta interina del país tiene tres meses para convocar nuevas elecciones, pero lo ideal sería que lo hiciera lo más pronto posible. Cuanto antes haya un gobierno democrático, con reconocimiento internacional, tanto mejor. Durante el periodo de transición que se avecina, las fuerzas armadas deberían permanecer neutrales y abstenerse de intervenir en el debate político. La injerencia de los militares en los asuntos públicos es de trágico recuerdo en muchos países de América Latina. El ejército debe permanecer en los cuarteles y subordinarse a las autoridades civiles.

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