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Exguardia nazi deportado a Alemania desde EE.UU.

Hace unos días, un exguardia de un campo de concentración en la Polonia ocupada por los nazis fue deportado a Alemania tras vivir en Nueva York durante casi siete décadas. Jakiw Palij, de 95 años de edad, y que trabajó en el campo de trabajos forzados de Trawniki, aterrizó en el aeropuerto de Düsseldorf el martes por la mañana.

La deportación pone fin a años de negociaciones legales y diplomáticas entre Estados Unidos y Alemania. En 2004, un juez de EE.UU. ordenó que Palij fuera deportado, tras descubrirse que estuvo al servicio de los nazis. Cuando entró en EE.UU. en 1949, Palij les dijo a las autoridades que había trabajado en una granja y en una fábrica durante la guerra. Tras la orden de deportación, Alemania se negó a aceptar a Palij, afirmando que los crímenes que cometió ocurrieron en suelo extranjero. Los diplomáticos americanos continuaron insistiendo con el tema, diciendo que Alemania tenía la obligación moral de acogerle.

En un solo día de 1943, —el año en que Palij trabajó en Trawniki— más de 6.000 hombres, mujeres y niños judíos fueron asesinados en este campo de concentración. No está claro si Palij se enfrentará a un juicio en Alemania, por su edad, mala salud y falta de evidencia directa.

Guillermo: Laura, esto no es justicia. Jakiw Palij pasó casi 70 años viviendo cómodamente en EE.UU. Ahora está en una residencia en Alemania, y probablemente no será juzgado.
Laura: No, no es justicia, Guillermo. Pero, durante los últimos 15 años, su vida en EE.UU. no resultó fácil. Sus vecinos ya no le aceptaban, y con frecuencia había protestas frente a su apartamento. Tras perder la ciudadanía estadounidense, vivió en un limbo.
Guillermo: ¿Es este comparable con las miles de personas asesinadas en el campo de Trawniki, asesinatos en los que él tuvo participación directa? Palij tuvo oportunidades que quienes fueron asesinados no tuvieron.
Laura: Desde luego que no es comparable, Guillermo. No estoy diciendo que lo sea. Pero creo que es un caso un poco complicado.
Guillermo: ¿Complicado por qué?
Laura: Por un lado, Alemania sin duda tiene la obligación moral de aceptar a Palij, y juzgarlo con las pruebas que tenga. Por otro lado, no puedo evitar preguntarme de qué sirve deportar a un hombre enfermo de 95 años, que quizá no será juzgado.
Guillermo: No puede haber límite de tiempo a los crímenes de los nazis. Especialmente ahora, cuando alguna gente cuestiona circunstancias del Holocausto.