Niñas obligadas a ser madres exponen sus casos ante la ONU
5 June 2019
Desde hace al menos un par de siglos, y coincidiendo con el notable impulso experimentado por la ciencia y las técnicas de fabricación industrial, el hombre común ha depositado una fe ciega en el progreso. Pero quizá esto no sea más que un mito sin base sólida. Tal vez las civilizaciones humanas no sigan un camino coherente y ascendente hacia un lugar mejor, sino que es posible que describan círculos o cumplan ciclos de variados progresos y retrocesos. El auge de los movimientos populistas y nacionalistas, tanto en Europa como en Estados Unidos, no sería más que un síntoma del inicio de un nuevo ciclo de retroceso o involución. Una de las pruebas más concretas de este claro retroceso lo podemos ver, por ejemplo, en los esfuerzos que algunos gobiernos federales de los Estados Unidos, en especial el de Alabama, están realizando por restringir al máximo el derecho de las mujeres a abortar. Se trata de un tema que muchos pensábamos que habíamos finalmente superado. Está claro que la religión —específicamente la cristiana— ha hecho ímprobos esfuerzos a lo largo de los siglos por obstaculizar cualquier progreso que, según su punto de vista, atente en contra de los supuestos mandamientos