Borat y Kazajistán finalmente firman la paz
4 November 2020
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Son muchos
los que temen que, a raíz de las medidas y las restricciones que los distintos países
han estado implementando para encarar la pandemia del coronavirus, algunos gobiernos aprovechen la excepcionalidad de la situación
para intensificar actitudes autoritarias y sistemas de control social. Y cuando esto sucede, el primer afectado suele ser la libertad de expresión. Y tras la libertad de expresión, lo siguiente
en sufrir la censura gubernamental es el sentido del humor, algo que los déspotas siempre temen y combaten con dureza.
Lo estamos viendo estos días en Turquía, un país cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan,
lleva ya tiempo reprimiendo a la oposición política con el fin de acumular en sus manos el mayor poder posible. Erdogan, como buen líder autoritario,
no aprecia demasiado la libertad de expresión, y tampoco se puede decir que tenga mucho sentido del humor. Recientemente hemos visto cómo la portada burlona que la semana pasada le dedicó "Charlie Hebdo", la célebre revista satírica francesa
que tantos dolores de cabeza ha ocasionado a incontables fanáticos religiosos, ha abierto un conflicto diplomático entre Francia y Turquía
cuyas consecuencias aún no podemos deter