| María: | Una regla común cuando uno sube una montaña es que todo lo que sube contigo debe bajar contigo; es nuestro deber conservar incluso aquello que consideramos biodegradable, como las cáscaras de fruta. Respetar esta regla también es importante en los parques naturales, ya que nunca sabemos cómo una fruta afectará al medio ambiente. Pero hay un caso muy curioso que contradice un poco esta regla y todavía genera preguntas entre los expertos. Todo comenzó en 1997, cuando dos ecologistas que trabajaban en el Área de Conservación Guanacaste, en Costa Rica, le hicieron una propuesta a la empresa de jugos Del Oro: si donaban parte de sus bosques a la reserva, se les permitiría arrojar los sobrantes de cáscaras de naranja en una zona del parque que estaba degradada. Este lote no conseguía regenerarse por sí solo, por lo que no había nada que perder. Así, durante un año, la compañía descargó unas 12 mil toneladas de residuos de fruta en el terreno estéril. Pero luego sucedió algo inesperado... |