“¿Somos o no somos independientes?”
18 October 2017
Carles Puigdemont, el presidente de Cataluña, nunca ha escondido la admiración que profesa por el modelo independentista escocés. Quizá por ello decidió, el pasado 9 de octubre, obsequiar a sus seguidores con una ducha escocesa: primero baño caliente y luego un inmediato baño helado. Y es que lo que se vio en el parlamento catalán ese día, pasará a la historia como el modo más rápido de pasar de la euforia a la frustración.Se suponía que Puigdemont tenía que declarar la independencia de la nueva República Catalana a las seis de la tarde. Miles de personas se congregaron a las puertas del parlamento para dar la bienvenida al nuevo país. Tras las vergonzosas imágenes de las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo una semana antes, el sector más radical del independentismo exigía a Puigdemont que no dilatara más la espera y anunciase la independencia. A las seis de la tarde, el presidente catalán notificaba que retrasaba su discurso una hora. Mal presagio para los independentistas. Los rumores se disparaban. Reuniones de último minuto. Caras largas en los pasillos del parlamento. ¿Qué había sucedido? Finalmente, a las siete de la tarde, Puigdemont inició su discurso. Finalment