Trump persigue un orden mundial basado en el dominio de esferas de influencia
Han pasado casi 40 años desde que el presidente estadounidense George Bush anunció la llegada de un “nuevo orden mundial”. Tras liberar Kuwait de Irak, Bush habló de un mundo en el cual los países se enfrentan juntos a la brutalidad y los ataques, en pos de las aspiraciones universales de paz y libertad. Ahora, ese orden mundial parece haber desaparecido.
Ahora, la Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración Trump busca explícitamente dominar las Américas. La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas armadas estadounidenses, y la aseveración posterior de que ahora Venezuela está bajo control de EE. UU., son un claro ejemplo de ello. Ello devuelve el mundo al viejo orden basado en el dominio imperialista de esferas de influencia por parte de las potencias mundiales.
En última instancia, sin embargo, el deseo de Trump de dividir el mundo en esferas de influencia con China y Rusia podría resultar contraproducente, dejando a EE. UU. aislado y debilitado. La búsqueda estadounidense del dominio regional podría enajenar a sus aliados, porque la verdadera influencia exige relaciones a largo plazo, no solo muestras de poderío.