Europa y EE. UU. se mueven en direcciones opuestas para combatir la crisis energética
La subida del precio del petróleo por encima de los 100 dólares el barril, provocada por la guerra de Irán, ha puesto la dependencia europea de los combustibles fósiles bajo la lupa. Europa continúa desperdiciando enormes cantidades de energía renovable a causa de su anticuada red eléctrica. La congestión y los cuellos de botella provocados por esta red, que fue diseñada para los combustibles fósiles, le costaron a Europa 9.000 millones de euros el pasado año, y un desperdicio de 72 teravatios-hora de energía.
Para tratar este problema, Reino Unido rebaja el precio de la electricidad en los días de viento, cuando las turbinas eólicas producen más energía de la que puede soportar la red. Los expertos de la industria piden que se hagan mejoras permanentes en la red y que se reforme el mercado, para sacarle todo el provecho a las energías renovables.
Al otro lado del Atlántico, la Administración Trump está moviendo a Estados Unidos en la dirección contraria. La semana pasada, la Administración Trump anunció que pagaría casi 1.000 millones de dólares a una compañía francesa de energía para detener la implantación de parques eólicos marinos en el Océano Atlántico. La compañía reorientará