La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping ofrece pompa pero poca sustancia
La cumbre celebrada en Washington la semana pasada entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, estuvo más marcada por el espectáculo que por los avances diplomáticos significativos. Se centró más en actos ceremoniales, como la gran bienvenida de alfombra roja a Xi en el aeropuerto, y el anuncio del traslado de dos osos panda al zoo de Atlanta.
La cuestión principal sigue siendo el comercio. Después de que Trump impusiera aranceles sobre bienes chinos, China respondió canalizando sus exportaciones a través de terceros países, y restringiendo la exportación de minerales de tierras raras a EE. UU. La pausa en la guerra comercial, alcanzada hace unos meses, termina pronto. La cumbre, en este sentido, sí que tuvo un resultado positivo: una ampliación de dos meses de la tregua comercial.
En relación a otros temas contenciosos, como la IA, Taiwán, los conflictos regionales y los derechos humanos, hubo pocos avances. En último término, la cumbre supuso una oportunidad mediática para ambos líderes. Muchos expertos, sin embargo, destacan las extraordinarias muestras de deferencia de Trump hacia Xi Jinping, que le proporcionaron al líder chino la vict