Se atribuye a Mark Twain el famoso aforismo que dice: “La historia nunca se repite, pero a veces rima”. Es probable que el célebre escritor —considerado padre de la literatura estadounidense— nunca hubiera imaginado que sus palabras llegarían a ser tan certeras para describir lo sucedido este domingo en Brasil. Precisamente cuando se cumplían dos años del asalto al Capitolio en Estados Unidos, protagonizado por seguidores de Donald Trump incapaces de aceptar su derrota electoral, un episodio muy parecido estallaba en Brasilia. Miles de partidarios de Jair Bolsonaro, quien perdió los comicios presidenciales el pasado mes de octubre, irrumpieron por la fuerza en las principales sedes institucionales brasileñas.
Del mismo modo que los trumpistas trataron de impulsar una rebelión contra el presidente elegido en las urnas, Joe Biden, los bolsonaristas intentaron descarrilar el Gobierno legítimo liderado por Lula da Silva. Después de más de dos meses manifestándose en la calle, denunciando un supuesto fraude electoral que nunca ocurrió, los radicales de ultraderecha dieron un paso más en su desafío contra la democracia brasileña, y llegaron incluso más lejos que los extremistas estadouni
Las calles de Jerusalén reflejan fielmente los orígenes del enfrentamiento entre Israel y Palestina. Su casco antiguo alberga el Muro de las Lamentaciones, la mezquita de Al-Aqsa y la basílica del Santo Sepulcro —lugares santos para judíos, musulmanes y cristianos, respectivamente—. Desde hace décadas, israelíes y palestinos reclaman la ciudad como propia y la consideran su capital histórica: resolver esta disputa suele ser uno de los puntos más delicados en cada negociación de paz. Actualmente, ambas comunidades coexisten en la urbe, pero su convivencia es frágil, siempre amenazada por un nuevo estallido violento debido a las tensiones constantes del conflicto. Tel Aviv ha contribuido ahora a dificultar esa cohabitación con un gesto polémico del ministro de Seguridad: el pasado 3 de enero, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir visitó la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén.
Para árabes y musulmanes en todo el mundo, la imagen de Ben-Gvir paseando por el tercer lugar más sagrado para la fe islámica supone una grave provocación. La visita del ministro israelí es considerada ofensiva porque, entre otras razones, millones de palestinos tienen prohibido acudir al recinto, aunque vivan a
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, va a cumplir una década en el cargo dentro de dos meses y la oposición está reformulando su estrategia para tratar de expulsarlo del poder. Los opositores del régimen chavista buscan un nuevo liderazgo y acaban de apartar a quien ha encabezado el desafío contra el autoritarismo de Caracas durante los últimos cuatro años. La Asamblea Nacional elegida en 2015, de mayoría opositora —cuyo mandato ha caducado, aunque sigue siendo reconocida como legítima por países como Estados Unidos—, ha revocado el título de presidente encargado concedido a Juan Guaidó en enero de 2019.
Designar a Guaidó como mandatario interino de Venezuela cuando ejercía como presidente de la Asamblea fue una de las apuestas más firmes de la oposición para intentar arrinconar a Maduro. Unos 50 países consideraron válido el nombramiento: Washington, Londres, Berlín, París y Madrid aceptaron a Guaidó como su interlocutor en Caracas, en una operación coordinada para tratar de desestabilizar al chavismo. Aquella maniobra, sin embargo, ha terminado fracasando. El liderazgo del presidente encargado ha ido diluyéndose durante los últimos años. Guaidó ha sido descabalgado por sus
Lamentablemente, estamos demasiado acostumbrados a que los políticos mientan ante la opinión pública. En el mejor de los casos, nuestros representantes se limitan a maquillar un poco la realidad, o a evitar los debates que menos les convienen. Es muy frecuente que omitan asuntos incómodos, que empleen argumentos engañosos en sus debates, y que incluso ofrezcan datos inexactos para favorecer su imagen. Los ciudadanos estamos habituados a desconfiar, a afinar la vista y el oído para detectar este tipo de mentiras, pero hay un caso en Estados Unidos que ha superado cualquier límite razonable. La campaña de George Santos para ser elegido congresista ha resultado ser un gigantesco embuste, en el que hay más mentiras que verdades.
Santos mintió sobre cada uno de los aspectos de su vida. Dijo que era judío, que sus abuelos —de origen ucraniano— sobrevivieron al Holocausto, y que su madre falleció por las secuelas del ataque terrorista contra el World Trade Center. Santos también aseguró que se graduó como economista en la universidad neoyorquina Baruch College, y que trabajó para firmas financieras como Goldman Sachs o Citigroup. Además, afirmó ser propietario de una docena de viviendas, p
Al abogado mexicano Isaac Piña, catedrático de Derecho, le apasionaba tanto su trabajo que puso a su hija un nombre que es sinónimo de ley: Norma. Seguramente, aquel padre deseaba que la recién nacida siguiera algún día sus pasos en el ámbito profesional, pero tal vez nunca imaginó que su bebé llegaría hasta lo más alto de la carrera judicial. Norma Piña fue nombrada, el pasado 2 de enero, presidenta de la Suprema Corte de Justicia Nacional de México —es la primera mujer que ejerce ese cargo—, lo cual representa un cambio de rumbo en el tribunal más importante del país.
La designación de Piña como presidenta de la Suprema Corte ha sido calificada como histórica por otras compañeras del tribunal como Yasmín Esquivel o Loretta Ortiz. No solamente se ha roto un techo de cristal —se ha dinamitado la hegemonía de los hombres al frente de la máxima instancia de justicia del país—, sino que la institución queda bajo la presidencia de una líder con sensibilidad feminista. Piña dirigió el comité de igualdad del poder judicial y votó a favor de declarar inconstitucional la criminalización del aborto. También es firme defensora del matrimonio gay y del reconocimiento de los derechos de los tra