Nicaragua también se suma al drama de la emigración forzada
27 June 2018
La violencia surgida de las protestas ciudadanas, lejos de amainar, parece recrudecerse día a día en Nicaragua. Las vías de diálogo entre el Gobierno, por un lado, y la sociedad civil, la Iglesia y el gremio de los empresarios, por el otro, están completamente bloqueadas. Nadie se ha movido de su posición. Mucho menos el presidente Daniel Ortega, quien, paradojas de la vida, luego de haber sido protagonista en el derrocamiento del dictador Somoza en 1979, ahora parece querer tomar el relevo de aquel déspota. En efecto, son muchos en Nicaragua los que temen que el exguerrillero Ortega, haciendo caso omiso del clamor popular que durante semanas ha exigido su dimisión, se haya ya convertido de facto en un nuevo dictador más. Así opina, por ejemplo, Georgina Rodríguez, una mujer entrevistada por el diario El País a las puertas de un centro estatal de migración. Al igual que muchos de sus conciudadanos, Georgina está planteándose la posibilidad de marcharse de su país: "Estamos en una dictadura. Tengo 50 años, yo esto ya lo viví y no quiero que mis hijos sufran lo mismo. No quiero que los agarren y los vayan a matar como ya han matado a tantos jóvenes, porque de esta dictadura se espera