La fiebre de las nuevas capitales
25 March 2026
alarico / Shutterstock
El pasado 2 de enero de 2026, Guinea Ecuatorial trasladó oficialmente su capital de Malabo a Ciudad de la Paz,
un núcleo urbano planificado desde cero, concebido como un nodo administrativo moderno y aislado de las tensiones sociales y de
los riesgos políticos que acechan a Teodoro Obiang Nguema, presidente del país desde 1979 y considerado
el dictador más longevo del mundo. El traslado de la capital responde por lo tanto a
una doble necesidad: la de reorganizar administrativamente el país y la de
reforzar la seguridad en torno al presidente Obiang. La decisión ha irritado a los habitantes de Bata, la ciudad más populosa de la excolonia española y
motor económico del país, que ha visto nuevamente frustradas sus aspiraciones capitalinas.
La idea de fundar una nueva capital no es nada inusual. En África lo han hecho países como Nigeria o Costa de Marfil.
A lo largo y ancho de los cinco continentes, varios países han optado en las últimas décadas por fundar nuevas capitales, en
una tendencia que responde a una combinación de factores estratégicos, políticos y económicos.
La casuística es muy variada. Uno de los motivos más frecuentes es la congestión de las grandes urbes. En Indonesia,