El futuro no pasa por Davos
El pasado martes 23 de enero se inauguró en Suiza la reunión anual de Davos. Para serles franco, me lo he pensado dos veces antes de comentar este tema; más que otra cosa, hablar de Davos me parece una distracción. Pero, dado el impacto mediático de este evento, creo que vale la pena rascar un poco bajo la superficie.
¿Es la comida “online” un negocio?
El pasado 14 de enero, el periódico digital español El confidencial publicaba un artículo titulado “Así monté cinco restaurantes fantasma y morí de éxito en Deliveroo y Just Eat”. El artículo cuenta el caso de Esmeralda Domínguez, quien, tras licenciarse en Marketing y Gestión Comercial, decidió en 2013 abrir un restaurante en Madrid.
El restaurante no acababa de despegar, y Domínguez pensó en probar el reparto a domicilio, a través de plataformas “online” como Just Eat y Deliveroo. Pero lo hizo no ofreciendo los platos de su restaurante, sino a través de varias “marcas” creadas ex profeso para el mundo digital.
La estrategia pareció funcionar, y los pedidos pronto desbordaron la cocina de Domínguez. La emprendedora trasladó entonces la producción a una nueva ubicación. Aunque legalmente un restaurante abierto al público, el objetivo del nuevo local era en realidad funcionar como central de cocinas de sus restaurantes “virtuales”. Pero, en 2016, por algún motivo Domínguez cerró todas sus marcas y dejó la restauración.
El modelo de negocio de Domínguez me parece engañoso. No por el hecho de crear un negocio de comida “online”, sino porque Just Eat y Deliveroo presentaban sus marcas com
El Madrigal, nuestro Cinema Paradiso
Dicen que El Madrigal, en Granada, es la última sala de cine en España que proyecta películas de 35 milímetros. Quizá la historia de este cine, contada brevemente el pasado 13 de enero por el periódico “online” El Español, se convierta un día en película. Como en el precioso filme de 1988 Cinema Paradiso, del director italiano Giuseppe Tornatore.
Juan Torres-Molina, el propietario de El Madrigal, lleva en esto toda la vida. Su padre fundó la sala en 1960, y Juan dice que nació “en lo alto del cine”. No resulta difícil imaginárselo, de pequeño, echando las tardes en la sala de proyecciones, como el travieso Toto de la película de Tornatore.
Pero, a diferencia de Toto, al que Alfredo, el entrañable proyeccionista de Cinema Paradiso, anima a irse del pueblo, —¡No vuelvas nunca!, le dice— Juan jamás dejó El Madrigal. Por lo visto, sigue siendo él quien recoge la entrada cuando vas a ver una peli, y quien te vende las palomitas. Y quien, en ocasiones, todavía hace pintar a mano los carteles de las películas, un arte ya prácticamente desaparecido.
Y fue Juan quien consiguió mantener su cine a flote, ante la competencia de salas más modernas, y durante los años de la crisis. Según parece, co
Esta vez, San Google nos la ha jugado
El pasado 17 de enero arrancaba en Madrid el encuentro más importante del año para los profesionales del turismo: la Feria Internacional del Turismo, Fitur. Una semana antes, la concejala de Turismo y Cultura de Santander, Miriam Díaz, presentaba en rueda de prensa la nueva web de la ciudad. El Centro Botín —un impactante edificio diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano, inaugurado en 2017— y la nueva web iban a centrar la presencia de Santander en Fitur, según anunciaba la concejala.
Y razón tuvo la Sra. Díaz. Su nueva web y el Centro Botín estuvieron en boca de todos el día de la Inauguración de Fitur. Hasta se habló de ellos en los periódicos de tirada nacional. Por desgracia para Díaz, no para su lucimiento y el de la ciudad que representa, sino para su bochorno y escarnio público.
La nueva web se publicó nada más y nada menos que en 7 idiomas. Pero, al poco de su lanzamiento, empezaron a aflorar las críticas en las redes sociales. Que si la versión alemana no se entiende, y parece un “festival del humor”. Que si la versión italiana da pena. Y en la versión inglesa apareció la pifia más comentada, al traducirse “Centro Botín” como “Loot Centre”.
Por si no están al corrient
Ser el “casero” de Amazon, ¿bendición o pacto con el diablo?
El nombre ya dice mucho: HQ2. Es el marketiniano término acuñado por Amazon para designar la que será la segunda sede de la compañía. Dicen que se le ocurrió al propio Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, cuando decidió convertir la búsqueda de ciudad para las nuevas oficinas en un concurso público.
El anuncio de Amazon, publicado en septiembre del año pasado, desató la locura. 238 ciudades norteamericanas se presentaron como candidatas, con un entusiasmo nunca visto. Tucson, una de las aspirantes, anunció que enviaba un cactus gigante a la sede de la compañía en Seattle —Amazon declinó, diciendo que no podía aceptar regalos—. La ciudad canadiense de Calgary colgó un enorme cartel en el que se declaraba dispuesta a luchar con un oso con tal de ganar el concurso. Y muchas otras candidatas hicieron también malabares varios, intentando destacar entre tanta competencia.
Obviamente, todo esto es publicidad gratis para Amazon. Pero lo que pretende Jeff Bezos va mucho más allá. Sus intenciones y ambiciones ya quedaron claras en la “lista de la compra” incluida en el anuncio del concurso. Entre otras cualidades, —una ciudad diversa de más de 1 millón de habitantes, trabajadores cualificados