Frutas y verduras se pudren en los campos de Reino Unido por la falta de temporeros extranjeros
A los políticos populistas les encanta culpar a los inmigrantes de los males de la sociedad. Y también a alguno más que, siendo o no populista, se deja llevar por el sentimiento xenófobo. En materia de trabajo, el atractivo de esta idea reside en su lógica sencilla y, en apariencia, irrefutable: los de fuera vienen y nos quitan el trabajo.
En época de elecciones, cuando los políticos están más tentados de recurrir a la demagogia, al electorado no le resulta fácil distinguir las verdades de las mentiras. Los medios de comunicación están permanentemente inundados con los mítines y las declaraciones de los políticos, y es difícil evaluar la información con una mínima objetividad. Quizá eso explica, en parte, por qué muchos electores acaban votando lo de siempre, aunque las propuestas de su partido en realidad no les convenzan demasiado.
El holocausto de la industria cárnica española
Hará cinco o seis años, agentes de operaciones especiales de la Guardia Civil asaltaron de madrugada viviendas de varias ciudades españolas. Era una acción coordinada, como las que se organizan para detener a terroristas y criminales peligrosos. Pero, quienes emergieron con las manos esposadas, custodiados por agentes armados hasta los dientes y acompañados de perros, fueron unos cuantos activistas de organizaciones en defensa de los animales.
Imagino que los activistas se habrían colado en algún matadero, para documentar los abusos contra los animales de la industria cárnica española, que movió sus hilos en la Administración para darles una lección. Una de aquellas organizaciones era Igualdad Animal.
La noche del pasado domingo, 4 de febrero, quedó claro que los repetidos intentos de la industria cárnica, y del estado español, por intimidar a organizaciones como Igualdad Animal han fracasado. En horario de máxima audiencia, el periodista Jordi Évole mostró a todo el país los horrores de la industria cárnica española, en su programa Salvados.
Para ello se infiltró, de la mano de activistas de Igualdad Animal, en varios mataderos de conocidas empresas cárnicas españolas, como El Pozo.
Sito Miñaco, el Pablo Escobar español
Cuando el otro día me enteré de que habían detenido a Sito Miñaco, tuve que mirar dos veces la fecha de la noticia. Fue el pasado 5 de febrero, pero al ver el titular creí estar de vuelta en los noventa. En esa época, Miñaco era uno de los narcotraficantes más buscados de España, pero en 1994 le cayeron 20 años, y nunca más se supo de él.
Su verdadero nombre es José Ramón Prado Bugallo, pero es su alias, Sito Miñaco, el que está grabado en la consciencia colectiva de los españoles. Al escucharlo de nuevo, después de todos estos años, casi me ocurre lo mismo que con la música de Julio Iglesias, que en su época no podía soportar, pero ahora me parece entrañable.
Miñaco lleva toda la vida fuera de la ley. De pequeño ayudaba a su padre con la pesca ilegal. Y, siendo todavía un chaval, se hizo famoso en las rías gallegas por sus dotes al mando de las planeadoras de contrabando. En 1983 pasó unos meses en Carabanchel, pero su estancia en prisión no pareció servirle de escarmiento. Al poco de salir, decidió probar suerte con el tráfico de cocaína, una actividad mucho más lucrativa que el contrabando.
Las cosas le fueron bien, y compartió su fortuna con amigos y allegados. Arregló la iglesia
El extraño taller juvenil sobre drogas de las fiestas de Santa Eulalia
Cuando llueve en Barcelona el día de la virgen de la Mercè, la patrona de la ciudad, dicen que es porque llora Santa Eulalia. “La Laia”, como también se conoce a Santa Eulalia, fue patrona de la capital catalana hasta el siglo XVII, y está triste porque los barceloneses la dejaron de lado, en favor de la Mercè.
Pero, en realidad, Barcelona nunca olvidó a Santa Eulalia, y sus fiestas, que se celebraron los pasados días 9 al 12 de febrero, disfrutan de una enorme popularidad. Bailes tradicionales, desfiles de gigantes, dragones y diablos, y muchas otras expresiones de la cultura popular catalana.
El programa de las fiestas, organizadas por el Ayuntamiento de Barcelona, está cada año repleto de eventos. Muchas actividades están dirigidas a niños y jóvenes, y son ellos los encargados de iniciar las celebraciones, con el pregón infantil.
Este año, el equipo de la alcaldesa Ada Colau incluyó un taller, supuestamente dirigido al público juvenil, que ha levantado ampollas. El programa oficial describía la actividad como un “test de drogas químicas y cannabis para comprobar la composición de las drogas en el mercado catalán y promocionar un consumo consciente”.
Disculpen la broma fácil, pero, ¿
La metalurgia alemana entra en el siglo XXI
Estando hace años en una empresa que atravesaba dificultades, me ofrecí para trabajar menos horas. Me atraía la idea de tener más tiempo para mí, y podía apañarme con un salario menor. Además, la empresa estaba despidiendo a muchos compañeros, e imaginé que si unos cuantos hubiéramos reducido nuestra jornada de trabajo, se habrían podido evitar algunos despidos.
Al escuchar mi propuesta, el director me miró como si jamás hubiera oído idea más descabellada. La empresa quería a los buenos trabajadores a tiempo completo, me dijo. Y los “no tan buenos”… en fin, ya se lo imaginan. Unos meses después dejé la compañía.
El pasado 7 de febrero, el periódico digital eldiario.es informaba de que, a partir de ahora, los trabajadores de la metalurgia alemana podrán trabajar, si así lo deciden, solo 28 horas a la semana. IG-Metall, el mayor sindicato de Alemania, y la patronal del sector metalúrgico alcanzaron un acuerdo que incluye, además de la flexibilización de la jornada laboral, un incremento salarial del 4,3 por ciento para los trabajadores.
Rainer Dulger, el presidente de la patronal alemana de la metalurgia, Gesamtmetall, declaraba triunfante tras el acuerdo que se habían “puesto las bases