El odio anónimo se expande a través de Internet
28 June 2017
Creo que todos tenemos a un amigo o conocido que en reuniones sociales se comporta de forma perfectamente amable y correcta. Luego, si alguna vez coincidimos con él en un estadio de fútbol, ocurre que no podemos creer que se haya transformado en otra persona completamente distinta: agresiva, vociferante, ofensiva, violenta. Solemos entonces justificarle con simpatía argumentando que un partido de fútbol es algo “inofensivo y excepcional”. “Simplemente se está desahogando un poco en el estadio”, decimos a modo de disculpa, cuando lo cierto es que deberíamos decir algo completamente opuesto: “Nuestro amigo sencillamente logra controlarse en sociedad”. Y es que ya lo decía mi admirado Sigmund Freud: somos todos “hipócritas culturales” que logramos comportarnos en sociedad como si fuéramos buenos actores. En otras palabras: muchos de nosotros somos auténticos energúmenos por naturaleza, cará