Los museos españoles, cada vez más caros
13 September 2017
Decía Goethe que quien no conoce la historia está condenado a permanecer en la ignorancia, y vive al día. Pero, si el genio alemán levantara cabeza, descubriría cuánta gente vive al día en la edad de Internet.No me cabe ninguna duda de que en Internet hay más información sobre la historia —y sobre muchos otros temas, obviamente— de la que podría leer en lo que me queda de vida. Y no hablo solo de descripciones textuales. Hoy en día existen recursos, como imágenes de alta resolución, que permiten ver, por poner un ejemplo, El Martirio de San Mateo, de Caravaggio, mejor que si uno tuviera la nariz pegada al lienzo.
Pero, aun sabiendo que Internet ofrece todo esto y más, sin algún criterio “guía” resulta fácil quedarse bloqueado frente a la pantalla, cual escritor ante la página en blanco. Ahí es donde los museos, lejos de estar obsoletos, pueden prestar todavía un gran servicio a la sociedad.
Una visita a un buen museo puede ser más efectiva en despertar el interés de la gente que toda la inmensidad de Internet, que a veces puede resultar impenetrable. En parte, está claro que es por tratarse de un medio físico; el mundo digital todavía tiene sus limitaciones. Y en parte depende del ar