Un retrete de oro para su majestad
31 January 2018
Donald Trump acudió el pasado 26 de enero al foro económico de Davos para hacer lo que más le gusta en la vida: lanzarse flores a sí mismo. Delante de una pléyade de empresarios, millonarios y medios de comunicación, no cesó de alabarse a causa del crecimiento económico que su país ha experimentado en el último año. Todo ha sido gracias a él. Ningún mérito, por supuesto, tuvo Obama, quien dejó bien encarrilada la economía tras haber sacado al país de la peor crisis económica que muchas generaciones recuerden. Pero hoy no quería hablarles sobre la personalidad narcisista y sociópata de Donald Trump. Quería hablarles de un asunto muy distinto que se desarrollaba en Nueva York mientras Trump cantaba loas a sí mismo en Suiza. Os cuento: resulta que Trump desea embellecer una de las estancias privadas de la Casa Blanca. Y como el presidente tiene tan buen gusto, y sobre todo, tiene tantas ínfulas, no se le ocurrió pedir en préstamo al museo Guggenheim de Nueva York otra cosa que un cuadro de van Gogh. Casi nada. Un pintor menos renombrado no estaría a la altura de las exquisitas decoraciones que rinden homenaje a su majestad Donald Trump.Por fortuna, la comisaria del museo, Nancy Specto