La pugna por los huesos del dictador
29 August 2018
Prácticamente todos los partidos políticos están de acuerdo en que El Valle de los Caídos representa no sólo una anomalía en España, sino en el mundo entero. El hecho de que una inmensa construcción megalómana, amparada y protegida por la Iglesia católica, albergue los restos del dictador Francisco Franco y permita su homenaje por parte de miles de seguidores es cuanto menos… bastante inusual. Diversos ministros del gobierno de Pedro Sánchez se han preguntado en público, durante las últimas semanas, qué pensarían los ciudadanos de Alemania o Italia si las autoridades permitieran seguir rindiendo culto a las figuras de Hitler y Mussolini. Sin embargo, yo también me he preguntado, en numerosas ocasiones, por qué esa misma preocupación rara vez ha surgido con respecto a los dictadores comunistas. Ahí tenemos aún a la vista los cadáveres embalsamados de Lenin y Mao, a quienes se les sigue rindiendo pleitesía de forma abierta. Pero no quiero que se me malinterprete. Por supuesto, estoy de acuerdo con la decisión de Sánchez de exhumar y trasladar los restos de Franco fuera del Valle de los Caídos (del mismo modo que también deberían ser sacados de sus mausoleos los cuerpos de Mao y L