La masculinidad puesta en duda
23 January 2019
Quizá una de las razones principales que explicaría el carácter inestable y turbulento de nuestra época sea la proliferación de opiniones. Las redes sociales han amplificado y multiplicado a la enésima potencia las voces que desean generar conflicto. Hoy en día todos tenemos algo que decir. Lo queremos decir bien alto y exigimos que nos tomen en cuenta. Incluso, sentimos la obligación de opinar sobre cualquier tema, así sea acerca de un vídeo de gatitos, quizá por temor a ser excluidos del ruido mediático. Opino luego existo, diría Descartes en la actualidad. También las empresas han caído en esta especie de trampa. Hoy en día, muchas compañías sienten la obligación de poseer y hacer pública su "conciencia política o social". Lo vimos hace unos meses con Nike, cuando apoyó, a través de un anuncio publicitario, a Kaepernick, un jugador de fútbol americano que se negaba a mantenerse de pie en los estadios cuando sonaba el himno nacional. Aquello le costó a Nike el desprecio de millones de estadounidenses, incluido el del mismísimo presidente. Y… también le brindó millones de dólares en publicidad gratuita, gracias a la polémica que inundó las redes.
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