Un inútil símbolo en busca de inquilinos
25 January 2017
Ya nadie duda de que las grandes ciudades del siglo XXI compiten a muerte entre sí. La dura competición lo abarca todo: quién tiene los mejores museos, las tiendas más exclusivas, el mejor equipo de fútbol, quién atrae mayor número de turistas e inversión financiera, o la mejor oferta gastronómica. Y algo que, por supuesto, no puede faltar en esta lucha encarnizada por captar la atención internacional, es la arquitectura.Las metrópolis más importantes del planeta no pueden dormirse en los laureles y conformarse con su arquitectura histórica. Es necesario contratar a los mejores y más afamados arquitectos del momento para poder ofrecer al público los proyectos más innovadores, más atrevidos, más arriesgados. Quien tenga alguna duda sobre este fenómeno, le recomiendo que se pasee en estos momentos por la City de Londres. El problema, claro está, es que muchas veces se termina metiendo la pata hasta el fondo.
España ya tiene bastante experiencia en estos fiascos. Baste recordar la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, una mastodóntica construcción inaugurada en 1998 que se convirtió de inmediato en el símbolo de la ciudad. El original proyecto, firmado por el célebre