Boston es una feliz víctima de la invasión escocesa
La semana pasada, Boston fue invadida por “El Ejército Tartán”. 20.000 aficionados escoceses llegaron a la ciudad para la Copa del Mundo de fútbol 2026. En lugar de espadas y picas, llevaron vítores, canciones, gaitas y una insaciable sed de cerveza. Incluso hicieron que la gobernadora Maura Healey declarara legal el haggis, aunque solo para truncar después el sueño de los aficionados escoceses y admitir que todo había sido una broma.
El haggis sigue estando prohibido, pero el buen humor escocés no lo está. La alcaldesa de Boston, Michelle Wu, ayudó a animar la juerga. Ataviada con una camiseta del equipo escocés, Wu formalizó la nueva hermandad de Boston con Glasgow. Dicen que la alcaldesa también puso un cono naranja de tráfico en la estatua de Bill Russell, convirtiéndolo en una nueva tradición de Boston, importada de la propia Glasgow.
A pesar de la invasión escocesa, no se hizo ni un solo arresto, y los bostonianos elogiaron a sus invitados por dejarlo todo limpio. Cuando el Ejército Tartán se vaya, dejará tras de sí un legado de amistad y de conos de tráfico, y una gran pregunta: ¿llegará el día en que pueda comerse haggis en Boston?