Una aventura psicodélica en el desierto mexicano
1. Cambio de planes
En
primavera del año pasado, me encontraba
viajando junto a mi
esposa y unos amigos por México, uno de los países más hermosos que
he tenido la suerte de visitar. Vaya, ahora que lo pienso, me parecen curiosamente
lejanos aquellos tiempos en los que se podía viajar con
plena libertad por el mundo. Ahora todo eso
parece perderse en la
bruma del recuerdo. Pero no nos distraigamos. Decía que me encontraba haciendo turismo por México.
Tras disfrutar de los grandes atractivos
que ofrece la capital del país, pusimos rumbo al norte, en concreto a la pintoresca
ciudad de Querétaro. Durante el
trayecto en autobús, cayó
por casualidad en mis manos una revista que
hablaba sobre el "pueblo mágico"
llamado Real de Catorce, el cual se encuentra
a unas tres horas de Querétaro. El artículo
en cuestión mencionaba el
hecho de que, en las cercanías de aquel pueblo,
se extiende un amplio desierto en el que es posible
hallar el "peyote", aquel famoso cactus considerado
sagrado por varios pueblos indígenas mexicanos. El peyote es una planta que contiene la mescalina, una sustancia psicoactiva
capaz de generar
fuertes visiones y alucinaciones. De inmediato, aquella revista
captó por completo mi atención.