Una aventura psicodélica en el desierto mexicano
6. Visiones aterradoras
Cuando entro en la pequeña
habitación penumbrosa, bastante agotado y
entumecido por el
frío del exterior, veo colores y más colores a mi alrededor.
Pareciera que decenas de constelaciones galácticas de todos los
matices del
arcoiris giraran en torno a mí. Me dirijo al baño,
enciendo la luz y me observo en el
espejo. Abro la boca y de allí
salen expulsados, flotando hacia el techo, divertidos
hilos multicolores. Definitivamente, creo que
me he excedido con la ingesta de peyotes. Tendré que decírselo a Santos,
si es que lo vuelvo a ver. Pero aquel entretenido espectáculo colorido
pronto va a terminar. La diversión está
llegando a su fin. Parafraseando un poco el libro que Aldous Huxley
escribió acerca de su experiencia personal con la mescalina, podría decir que a partir de ese momento salí del "
cielo" y entré directamente en el "
infierno". Y también empecé a
entender por qué Santos me recomendó permanecer
el mayor tiempo posible alejado de una habitación cerrada.
Me acuesto en la cama, me cubro con tres
gruesas sábanas, cierro los ojos y, desde aquel preciso instante y durante muchas horas ininterrumpidas, me asaltan
una tras otra imágenes terroríficas
que parecieran salidas de