El difícil arte de contradecir a tu jefe sin que se note demasiado
No debe ser nada sencillo pertenecer al círculo más estrecho de colaboradores de Donald Trump. Muchos de ellos han de preguntarse cada mañana: ¿pero quién me mandó a mí a meterme en este problema? El promedio del tiempo de permanencia en el cargo, bajo las órdenes y los constantes cambios de humor de Trump, como sabemos, es bastante corto. Y por si fuera poco, hay que sacar al presidente de los líos en los que él mismo se mete. O lo que es lo mismo, hay que rectificar constantemente las barbaridades que salen por su boca día a día. Eso sí, de manera muy sutil y comedida, evitando que el "jefe" se enfade demasiado con sus subalternos por llevarle la contraria.
Matteo Salvini, el gran populista italiano
Si hay algún concepto en el mundo de la política de difícil definición, ése es el "populismo". Hablamos acerca de él prácticamente cada día, sobre todo desde que hemos notado que se está expandiendo por todo el planeta. Pero a la hora de intentar explicar qué convierte exactamente a un líder en "populista", comienzan las dificultades. Esto me recuerda las reflexiones de San Agustín de Hipona sobre el "tiempo" como concepto. Decía el famoso filósofo y religioso: "¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé". Algo parecido nos suele ocurrir con el concepto de "populismo". Todos intuimos a grandes rasgos de qué trata, pero no sabríamos definirlo con exactitud. Sabemos perfectamente quiénes son populistas: Trump, Hugo Chávez, Evo Morales, Maduro, Le Pen, Pablo Iglesias... pero no sabríamos indicar con exactitud qué es aquello que los une. Hay quienes incluso afirman que hay populismos "buenos" y "malos". Si recurrimos al diccionario, éste nos indica que es una "tendencia política que pretende atraerse a las clases populares". Una definición un poco vaga, en mi opinión.
Sería larga la lista que incluyera los elementos que
El absurdo cotidiano en Venezuela
La situación grotesca a la que se está enfrentando Venezuela ya está rozando el esperpento. Con una inflación que, según los pronósticos del FMI, podría llegar este año a la increíble cifra de un millón por ciento, el país caribeño hace recordar a la Alemania de la República de Weimar, en la que los billetes tenían tan poco valor que muchos los utilizaban como simple papel tapiz, para decorar las paredes.
Algo muy parecido está ocurriendo hoy en día en Venezuela. Para que todos se puedan hacer una idea: con el billete de 100.000 bolívares, el papel de mayor denominación de la economía nacional, apenas se puede comprar un simple caramelo o pagar una fotocopia. El salario mínimo mensual está establecido en 5.196.000 bolívares, lo que es equivalente a 1,40 dólares. Los billetes de baja denominación prácticamente han salido del mercado a causa de su irrisorio valor. Ante la falta de liquidez de monedas y billetes, el servicio del metro de Caracas ha comenzado a ser gratis, ya que es prácticamente imposible cobrar el insignificante costo del pasaje. Y lo que es aún más surrealista: muchos venezolanos se ven obligados a comprar dinero en la calle a precios exorbitantes. Numerosos empresa
Ortega, el aprendiz de Maduro
Nicaragua, en estos momentos, está recorriendo el mismo sendero ya emprendido por Venezuela, su principal socio regional. Hace ya justamente un año, las protestas registradas en las principales ciudades venezolanas, aplacadas con saña por parte de las fuerzas gubernamentales y colectivos paramilitares, dejaron más de 120 muertos. De poco sirvió aquella ira ciudadana, pues unos meses más tarde Nicolás Maduro lograría afianzarse aún más en el poder, gracias a un simulacro de elecciones presidenciales.
En Nicaragua, las protestas ya han superado la cifra de los 350 fallecidos, y nada parece indicar que la situación pueda pacificarse a corto plazo. Todo lo contrario: el gobierno de Daniel Ortega se ha quitado la máscara y ha mostrado públicamente su feo rostro. Emulando las peores técnicas represoras desarrolladas por su compinche Nicolás Maduro, Ortega no ha dudado en emplear no sólo a las fuerzas militares y policiales, sino también a civiles armados, con el fin de sofocar a sangre y fuego las protestas ciudadanas. De hecho, ha habido testigos que han identificado la presencia de asesores venezolanos, así como cubanos, entre los colectivos paramilitares nicaragüenses.
Y es que Nicaragu
Cuba continúa “refrescando” su Constitución
Si hay un apellido en toda Latinoamérica que simboliza como ningún otro el difícil arte de mantenerse en el poder, ése es el apellido Castro. Los hermanos Fidel y Raúl han enseñado todas sus artimañas a sus pupilos más aventajados: Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro... todos ellos han aprendido de los mejores el modo de mantenerse pegados con cola al sillón presidencial.
La fórmula secreta que todo aprendiz de autócrata debe saber desarrollar es sencilla:
elecciones amañadas, simulacros de referéndum, constantes cambios y maquillajes en la Constitución, modificaciones de ministerios y permutas entre ministros, nuevos planes económicos, refundaciones de asambleas populares... todo vale a la hora de brindar la ilusión de que el Gobierno está evolucionando constantemente para favorecer a sus ciudadanos. Y mientras tanto, las hojas de los años van cayendo una a una de los almanaques.
Es lo que está haciendo, por enésima vez, el gobierno cubano. El régimen castrista está en estos momentos inmerso en una nueva reforma de la Constitución. Algunos detalles extraídos de su borrador han salido a la luz pública en las últimas semanas. Entre ellos, destacan l