La derecha extrema consigue dividir a Europa
“Un fantasma recorre Europa”. Con esta famosísima frase se inicia el Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels. Pero si en 1848 ese fantasma era el comunismo, ciento setenta años más tarde el espectro es otro muy distinto: la ultraderecha.
El éxodo venezolano altera la convivencia en la frontera con Brasil
El éxodo masivo de venezolanos que se está produciendo en las últimas semanas tiene visos de desestabilizar a toda la región sudamericana. Se estima que tan sólo en el último par de años, aproximadamente el 7% de la población total del país (es decir, más de dos millones de personas) ha dejado atrás su territorio a causa de la carestía, la inseguridad y la hiperinflación. Según las últimas estimaciones, ya se han instalado en Colombia alrededor de 800.000 venezolanos, y otros 400.000 han hecho lo mismo en Perú. Aquello, como no podía ser de otra manera, ha colapsado los pasos fronterizos y ha puesto a prueba la capacidad de los distintos gobiernos para dar cobijo y asistencia a esta impresionante marea humana.
Brasil es otro de los países afectados por este fenómeno migratorio masivo que, si bien era previsible desde hace tiempo, al parecer ha tomado por sorpresa a todos los gobiernos de la región. En comparación con Colombia y Perú, no son tantos los venezolanos que han escogido Brasil como destino, sobre todo por los enormes espacios naturales que hay que recorrer. Sin embargo, han sido los suficientes como para generar brotes de xenofobia en el norte del país. Los pueblos rurales
Continúa la represión del pueblo nicaragüense
Una de las frases más célebres atribuidas a Karl Marx afirma que la historia siempre se repite dos veces: la primera como tragedia, y la segunda como farsa. Sin embargo, observando los terribles acontecimientos que en estos momentos asolan a Venezuela y Nicaragua, yo me atrevería a decir que en esta ocasión el aforismo no es válido, pues las dos historias, interconectadas y casi calcadas una de la otra, están terminando ambas en tragedia. Nicaragua está repitiendo, casi al dedillo, el mismo camino ya antes emprendido por Venezuela, su socio estratégico continental. Y lo está haciendo a un ritmo mucho más acelerado, e incluso más sangriento. Y por tanto todo pareciera ser aún más trágico..
Al igual que ocurriera en Venezuela hace ya dos años, Nicaragua se halla inmersa ahora en un vendaval de violencia cuya solución está muy lejos de vislumbrarse. El deterioro de la salud económica del país, ocasionado precisamente por la interrupción de la ayuda financiera proveniente de Venezuela, ha llevado a miles de ciudadanos a protestar en las calles y a exigir la salida inmediata del poder del presidente Daniel Ortega. Más de 350 personas han perecido en los últimos meses a causa de la despia
La ardua lucha de las mujeres por conquistar sus derechos
Lo que en un principio surgió como una pequeña secta heterodoxa de devotos, quienes seguían las enseñanzas de un predicador reformista de la religión hebrea, acabó derivando en una nueva religión de carácter universal. Aquel recién nacido dogma, poco a poco y muchos siglos más tarde, consiguió captar la fe de más de dos mil millones de seres humanos. Estoy hablando, por supuesto, del cristianismo. Pronto los principales líderes de la religión cristiana (del mismo modo que sucedería con muchas otras creencias), comprendieron que monopolizar la fe otorga poder. Muchísimo poder. Y este inmenso poder era mejor restringirlo al círculo masculino, razón por la cual las mujeres quedaron desde el inicio excluidas del sacerdocio. Tras largos siglos de oscurantismo y de férrea dominación patriarcal, paulatinamente algunos países occidentales fueron sacudiéndose de encima esta estricta clase de control. No es casual que haya sido precisamente Europa occidental, territorio donde el agnosticismo, el ateísmo o la simple indiferencia han logrado abrirse paso, la región donde primero se observaron los principales avances en la igualdad y la paridad entre los géneros masculino y femenino.
Por desgrac
El bumerang de Donald Trump
Quizá muchos de ustedes compartan conmigo la sensación de que estamos viviendo inmersos en una era de ansiedad. Insatisfacción, descontento, crispación, indignación... son muchos los estados de ánimo que caracterizan a nuestros tiempos, y la gran mayoría de ellos son negativos. Es indudable que la ansiedad nunca ha dejado de estar presente en cualquier época de la civilización humana, pero tengo la impresión personal de que los niveles han aumentado notablemente desde hace algunos años. Y aquello es francamente curioso, ya que nunca antes la Humanidad en su conjunto había disfrutado de tanto bienestar material como hoy en día, ni tampoco había experimentado un período tan prolongado de relativa paz mundial. De modo que muchas veces me pregunto: ¿qué ha cambiado exactamente desde hace algunos años para que a todos, de alguna forma u otra, nos atenace esta incómoda sensación de creciente ansiedad? Es evidente que son muchas las causas, pero a mí se me ocurre una fundamental. Espero que no se me tome por loco, pero aquí va mi respuesta: pienso que el principal responsable de esta zozobra emocional planetaria son las redes sociales. Así es, tal como lo han escuchado. Y si lo piensan un