La vida es sueño (y pesadilla)
Para algunos teóricos, una buena historia debe contener, al menos, dos narrativas: una más evidente, quizá, la otra más oculta. Asimismo, toda historia debe tener distintas interpretaciones. Ocurría antes con la Biblia y los exégetas que la interpretaban. Y ocurre hoy con los hermeneutas, expertos en todo tipo de textos, y con los semiólogos, dedicados a interpretar los signos de la vida social.
Pero todos, a fin de cuentas, somos intérpretes. Y los políticos inteligentes (especialmente si son tramposos y manipuladores) son muy buenos en crear segundas narrativas y proponer nuevas interpretaciones.
El viejo Imperio se tambalea pero…
Mi gran entendimiento de lo que es la política llegó al tiempo en que comenzaba a hacerme adulta. Fue por los años en que Bush hijo era la cara visible del Imperio global y se inventó una guerra sin base e inútil en Iraq. A su lado, extrañamente, aliado incondicional, estaba el Primer Ministro británico, Tony Blair. Y digo extrañamente, pues la comprensión llegó al enterarme de que Blair era el líder del Partido Laborista, un partido de izquierda cuyo nombre bien podría intercambiarse por Partido Socialista, o algo así.
¿Cómo? Recuerdo que pensé. ¿Un “laborista” apoya esta mentira de guerra? ¿Este cinismo? ¿Esta gran injusticia? Así, queridos oyentes, aquella lección política, para mí, fue contundente: las ideologías son solo retórica para el pueblo y detrás - y en el fondo, y arriba - solo está el poder. El poder para defender intereses estratégicos; el poder cuya única finalidad es perpetuar el poder.
Toda esta digresión, me disculparán algunos, me viene inevitablemente ante las elecciones parlamentarias del pasado 8 de junio en el Reino Unido. Y es que acá la contienda se debatía principalmente entre el Partido Laborista y el Partido Conservador y de sus resultados, dicen
La ostentación de la riqueza y la falta de coherencia (y vergüenza)
Muchos dirán que la humanidad, desde siempre y en todas sus formas, ha sido materialista, apegada a sus fetiches, sus herramientas, sus pocos o muchos bienes materiales. Y esto, a mí parecer, resulta bastante natural. Finalmente, antes que nada, la realidad es una experiencia material, palpable, y está claro que los objetos contienen afectos y utilidades.
El materialismo que vivimos actualmente, sin embargo, quizá no tenga comparación en la historia. Y esto se debe, en parte, a que solo ahora existen las redes sociales y, solo ahora, podemos hacer que millones de personas admiren nuestro carro, reloj, o yate. Y tan mal están el mundo y su materialismo estúpido, que hay famosos mundiales cuyo único mérito es mostrar su carro costoso, su reloj y su yate.
Sin embargo, no parece que la gente tenga el mismo criterio a la hora de admirar a sus ricos exhibicionistas. El pasado 7 de junio el periódico colombiano El Tiempo hizo un recuento de fotos de este tipo, aparecidas en las redes sociales, causando mucha indignación. Todas, en general, muestran lo que siempre muestran estas fotos: yates, aviones privados, carros de lujo, hombres y mujeres de diseño, exceso de playas y sonrisas p
El poder de las palabras, las imágenes y el humor
El pasado 9 de junio, en la Feria del Libro de Asunción, fue lanzado el primer tomo de las historietas de Mafalda. Pero la noticia no es el lanzamiento de este libro, que en realidad nos ha acompañado desde 1964. La noticia es su traducción al guaraní, una de las dos lenguas oficiales de Paraguay.
Mafalda, recordemos, es una historieta creada por el dibujante argentino Quino, y ha estado muy presente en el panorama cultural latinoamericano, circulando extensamente también por otros continentes y otras 26 lenguas. Mafalda, la protagonista, es una niña de 7 años con un pensamiento crítico muy agudo que vive atormentada por los problemas de un mundo que no ha cambiado mucho desde entonces: la guerra fría y el imperialismo ruso y estadounidense, la revolución cultural china, la superpoblación planetaria, la contaminación, el progreso tecnológico y el debilitamiento de las relaciones humanas, etc. Y junto a ella, aparecen otros niños, casi arquetípicos: Felipe, soñador y distraído, incapaz de pasar a la acción; Susanita, que quiere ser ama de casa y tener muchos hijos; Manolito, hijo del tendero, que solo piensa en negocios y hacer mucho dinero.
Mafalda ya había sido traducida a o
Santa Mari La Juaricua: ¡Sálvanos!
Es miércoles 7 de junio en la inmensa y maravillosa Ciudad de México. Un grupo de religiosos ha salido a manifestarse. Visten túnicas, cargan íconos y entonan cánticos y plegarias. Pero en México, uno de los países más religiosos del mundo, entre tantas denominaciones cristianas, templos descomunales y pastores multimillonarios, estos fenómenos ya no llaman la atención de nadie.
Esta vez, sin embargo, las cosas parecen diferentes. Los devotos de Santa Mari La Juarica han decidido movilizarse, luego de encontrar un nombre que combine los dos barrios que representan: Santa María la Rivera y Colonia Juárez. Y es que ellos, en realidad, son más un grupo artístico que uno religioso, y asimismo no se dirigen a una iglesia sino a una pulquería. Una vez allí, disfrutarán de un buen pulque - bebida alcohólica prehispánica - y seguramente terminarán borrachos… aunque no de religión. Pero antes de tomarse unos tragos, primero hay que movilizarse por los barrios y dar a conocer un mensaje atípico. Este es, un mensaje en contra de la gentrificación urbana.
O mejor dicho, dado que la palabra gentrificación es un préstamo reciente del inglés, y en sí misma representa el problema, ellos pref