Esta semana empezaremos nuestro recorrido en Francia. Aunque ha sido condenada por corrupción, la líder ultraderechista Marine Le Pen podrá presentarse a las elecciones presidenciales de 2027. El Tribunal de Apelación de París ha reducido de 45 a 15 meses su pena de inhabilitación, permitiéndole concurrir a las urnas el año que viene. A pesar de ser una delincuente convicta, la líder de la extrema derecha sigue siendo favorita en las encuestas y tiene muchas opciones de relevar a Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo. Siguiendo el manual del buen populista, Le Pen insiste en su inocencia y atribuye su condena a una persecución política y judicial.
Hablaremos también del escándalo que se ha desatado en la Copa del Mundo de fútbol. El delantero de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió una tarjeta roja en el partido de dieciseisavos de final entre su selección y la de Bosnia-Herzegovina. Una expulsión, de acuerdo con el reglamento, conlleva automáticamente un partido de sanción. Donald Trump, sin embargo, telefoneó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para interesarse por la situación. Horas después, la sanción fue levantada y Balogun pudo disputar el partido de octavos de final frente a Bélgica. La decisión arbitraria e irregular de la FIFA ha reavivado el debate sobre su independencia y su cercanía con el poder político.
La Copa Mundial de fútbol nos deja también otra polémica. Tras la eliminación de su selección ante Francia, la senadora paraguaya Celeste Amarilla arremetió contra la estrella de Les Bleus, Kylian Mbappé, con insultos de índole racista y xenófoba. Estas declaraciones, oprobiosas y vergonzosas, resultan realmente indignas de una parlamentaria de un país democrático como Paraguay.
Por último, nos iremos a Cuba, para contarles la salida de la cárcel del opositor Luis Manuel Otero Alcántara, condenado en 2022 a cinco años de prisión por “desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos de la patria de carácter continuado”. Aunque ha salido ya del centro penitenciario, Alcántara no ha sido puesto en libertad. Sigue en paradero desconocido mientras el régimen castrista intenta forzarle al exilio en Estados Unidos.
Pero vamos a empezar, si les parece, por el terremoto político que se ha desatado en Francia...
Marine Le Pen, líder de la derecha radical francesa, ha sido condenada por malversar fondos públicos cuando era diputada del Parlamento Europeo. El Tribunal de Apelación de París considera probado el delito de malversación, pero ha reducido la pena de inhabilitación a 45 meses, con dos tercios en suspenso. De tal manera, y dado que ya ha cumplido 15 meses de dicha sanción, Le Pen podrá presentarse a las elecciones presidenciales de la próxima primavera.
La noticia ha causado un auténtico terremoto político en Francia. Le Pen no tardó en confirmar su candidatura al Elíseo, a pesar de que había dicho que si era condenada por malversación no se presentaría a las elecciones. Como decía Maquiavelo, “el Príncipe siempre encuentra una buena razón para no cumplir sus promesas”. Durante décadas, Le Pen había hecho de la lucha contra la corrupción una de sus principales banderas políticas.
La líder ultraderechista ha sido condenada además a tres años de cárcel, aunque no tendrá que ingresar en prisión. Sí estará obligada a llevar un brazalete electrónico durante un año, pero esta medida ha quedado suspendida al presentar Le Pen un nuevo recurso. Si el fallo judicial se demora, la líder del ant
El pasado 2 de julio, miles de personas abarrotaban el estadio de la Bahía de San Francisco para presenciar el partido de dieciseisavos de final de la Copa del Mundo entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina. En el minuto 64, con Estados Unidos dominando el marcador por 1-0, Folarin Balogun, estrella del conjunto norteamericano, llegó tarde al balón y el contacto con un jugador rival provocó su expulsión. Roja directa. El delantero estadounidense, incrédulo, emprendió el camino hacia los vestuarios mientras el estadio contenía la respiración. Estados Unidos acabaría ganando el partido por 2-0, sellando su pase a los octavos de final, una eliminatoria en la que quedaría emparejado con Bélgica.
Balogun era el hombre de referencia en el ataque de Estados Unidos y su expulsión significaba que no podría jugar el siguiente partido. El reglamento de la FIFA es muy claro al respecto. El artículo 10.5 establece que “si un jugador o un miembro del cuerpo técnico es expulsado como consecuencia de una tarjeta roja directa o indirecta, quedará automáticamente suspendido para el siguiente partido de su equipo”.
Sin embargo, horas después del encuentro, se desató el escándalo. En una decisión inéd
Tras la eliminación de Paraguay en la Copa del Mundo ante Francia por 0-1, la senadora paraguaya Celeste Amarilla publicó varios mensajes en su cuenta de X en los que recurrió a términos abominables y denigrantes para atacar a la estrella de Les Bleus, Kylian Mbappé. Que una parlamentaria se exprese en estos términos produce indignación y vergüenza, y más en un país como Paraguay, ejemplo de mestizaje y tolerancia.
Mbappé respondió a Celeste Amarilla, tildándola de “mujer despreciable e indigna de su cargo” que propaga “su odio y su racismo por todo el mundo”. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha dado su apoyo al delantero francés y ha recordado que los episodios de racismo registrados durante la Copa del Mundo de 2026 revelan la dimensión del fenómeno en el fútbol y en el deporte en general.
El Senado de Paraguay ha condenado “las expresiones discriminatorias y racistas” de Celeste Amarilla, en una resolución en la que manifiesta que las palabras de la senadora “no representan la posición del Congreso”. Lejos de arredrarse, Amarilla volvió a insultar a Mbappé, llamándole “hijo de puta” en la sede parlamentaria. Alguien que es capaz de proferir insultos tan gr
El 11 de julio de 2021, en una demostración de rabia colectiva, miles de cubanos salieron a las calles para desafiar al régimen y pedir libertad. Las protestas se extendieron como la pólvora por todas las regiones del país, gracias a las redes sociales. Los manifestantes pedían algo tan básico como comida y medicinas para aliviar la penuria que sufren desde hace décadas. La gente pedía “patria y vida”, reformulando la consigna belicosa de Fidel Castro: “patria o muerte”.
No era la primera vez que la ciudadanía se levantaba contra la dictadura castrista. Pero aquel movimiento de protesta tenía rasgos diferenciales propios. Las manifestaciones eran pacíficas y estaban lideradas por dos colectivos: los jóvenes y los artistas, organizados en torno al Movimiento San Isidro. El régimen respondió reprimiendo con violencia las protestas. Cientos de cubanos —entre ellos, varios artistas, periodistas y miembros destacados de la oposición— fueron detenidos por el sólo hecho de alzar la voz contra el autoritarismo del régimen.
Uno de ellos fue el artista plástico Luis Manuel Otero Alcántara, condenado en 2022 a cinco años de prisión por “desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos d