El funeral del legado de Obama
Yo, desde mi humilde tribuna, deseo enviarle una sugerencia a Donald Trump: debería cambiar su lema de "America First" por "Trump First". Sería mucho más honesto y sincero. Porque si hay algo que ha quedado demostrado durante su primer y muy agitado año, es que el presidente estadounidense tiene sus prioridades muy claras: velar por sí mismo. El bienestar de su propio país y, de más está decirlo, el de las naciones restantes, parecen traerle sin cuidado. Y la mejor estrategia que encuentra Trump para proteger sus intereses, y al mismo tiempo generar idolatría en torno a sí mismo, es la de desbaratar todo el legado que dejó tras de sí Barack Obama. Ésa es su particular manera de crear un caos constante que ponga en segundo plano todas las investigaciones que pesan sobre él, generando, a la vez, una imagen radical que le distingue y diferencia de su predecesor en el cargo.
Cataluña intensifica la confrontación con el Estado español
Finalmente, tras casi cinco meses sin que Cataluña tuviera un presidente autonómico, la situación se ha desbloqueado. A partir del pasado 14 de mayo, la comunidad tiene al fin un nuevo presidente. Se trata de Quim Torra, un político ultranacionalista que ha sido nombrado a dedo por su antecesor en el cargo, Carles Puigdemont, quien permanece huido de la justicia española tras haber declarado unilateralmente la independencia de Cataluña el pasado octubre.
Carles Puigdemont, desde su refugio en Alemania, al fin comprendió que la única manera de romper el bloqueo institucional y formar gobierno, era la de echarse a un lado y permitir que otra persona, situada en la propia Cataluña, ocupara su lugar. Pero como se suele decir en estos casos, Puigdemont ha decidido "morir matando". Ha escogido como sucesor a un político que le supera en radicalidad ideológica, y eso ya es decir bastante. En un momento en que, desde múltiples sectores, se pedía la investidura de un presidente que comenzara la labor, bastante complicada, de restituir la armonía en una sociedad completamente partida por la mitad, Puigdemont ha dado un golpe en la mesa y ha hecho todo lo contrario: ahondar en la fractura y la
El Ejército de Nicaragua planta cara a su presidente
Hace apenas unas dos semanas atrás, me encontré visitando Quito junto a una pareja de buenos amigos venezolanos. Al situarnos ante el Palacio Presidencial, ubicado en la Plaza Grande de la capital ecuatoriana, el guía nos contó, no sin grandes dosis de orgullo, que ellos, los ecuatorianos, eran expertos echando a los presidentes malos de aquella casa de gobierno. Antes de la llegada de Rafael Correa al poder en el año 2007, habían logrado sacar, casi a rastras y con la única ayuda de la protesta ciudadana, a cuatro gobernantes a causa de su ineptitud. A continuación aquel guía preguntaba con cierta perplejidad a mis amigos venezolanos: ¿Por qué ustedes no pueden hacer lo mismo allí en Caracas con Nicolás Maduro? La respuesta de mis compañeros fue muy simple y a la vez tajante: cuando el gobernante tiene el completo apoyo del ejército, es muy difícil hacerlo.
Todo esto me viene a la memoria a cuenta de lo que está sucediendo ahora mismo en Nicaragua. Desde hace un mes, las calles de las principales ciudades del país se han convertido en sangrientas barricadas. Gran parte de la ciudadanía se ha levantado en pie de guerra en contra del gobierno despótico y autoritario de Daniel Ortega,
Mauricio Macri y los fantasmas del pasado
Si existen algunas letras que con sólo ser mencionadas pueden poner los pelos de punta a millones de argentinos, ésas son FMI. Y es que las temibles letras iniciales del Fondo Monetario Internacional sólo traen malos recuerdos en el país austral. Sin embargo, el presidente argentino, Mauricio Macri, no tuvo más remedio que armarse de valor, el pasado 8 de mayo, e invocar la asistencia económica de esta organización financiera.
La difícil decisión obedece a la persistente depreciación del peso argentino, así como a la muy preocupante reducción de las reservas de dólares con que cuenta el gobierno presidido por Macri. Tan sólo el día anterior al anuncio el peso argentino perdió el 5% de su valor, algo que obligó al Banco Central a subir los tipos de interés hasta un escandaloso 40%. Por otra parte, se prevé que la inflación alcance este año el 20%, la segunda cifra más alta de la región, sólo por detrás de la depauperada Venezuela. Una semana antes, Macri había anunciado que su gobierno recortaría 3.000 millones de dólares en gasto público. A pesar de todas estas medidas desesperadas, el gobierno argentino se ha visto incapaz de contener el abrupto deterioro de la economía, razón por
Un candidato en busca del milagro
A medida que se aproxima la fecha de las elecciones presidenciales en Venezuela, los ánimos se calientan cada vez más. Pero ya no se trata únicamente de la brecha que se extiende entre la oposición y las huestes, cada vez menos numerosas, que aún apoyan a Maduro y a la revolución chavista. No, ahora la división más notoria se percibe entre los propios seguidores de la oposición, algo que, estoy convencido, era el principal objetivo de Nicolás Maduro. Al adelantar por sorpresa las elecciones al próximo 20 de mayo, y al ilegalizar al mismo tiempo a los principales partidos políticos del bando contrario, el presidente Maduro buscaba crear un cisma dentro de la oposición, una división radical que podríamos resumir en las siguientes preguntas: "¿Qué hacer? ¿Debemos ir a votar o no?". Se trata, sin lugar a dudas, de una jugada muy astuta, propia de un líder manipulador con mañas dictatoriales, ya que, al dividir a la oposición, Maduro se asegura una victoria en unos comicios que serán cualquier cosa menos limpios y transparentes.
Pero mientras los desorientados opositores debaten entre ellos sobre si hay que votar o no por el único candidato, bastante impopular, que en teoría representa l