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El posible deseo oculto de Donald Trump

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Todas las alarmas saltaron con el tuit que Donald Trump hizo público el pasado 5 de febrero. Bueno, lo de “saltar las alarmas” es un decir. Ya nos estamos acostumbrando. Todas las alarmas vienen saltando desde que Trump se postuló como candidato republicano, y desde entonces no han parado de saltar. Pero este último tuit ha traspasado según muchos, incluido yo mismo, todos los límites.

En este mensaje, Trump manifestaba lo siguiente: “Simplemente no puedo creer que un juez ponga al país en tal peligro. Si pasa algo malo cúlpenlo a él y al sistema judicial. La gente está entrando. ¡Malo!”. Luego, siguiendo con la constante avalancha de tuits, el presidente recalcó: “¡La gente mala está feliz!”.

Se mire por donde se mire, hay demasiada gravedad en el mensaje a distintos niveles. No es sólo que Trump arremeta contra los jueces y la independencia del sistema judicial norteamericano. No es sólo que esté alentando al rebaño de fieles seguidores enceguecidos a tomar la justicia por su mano si algo malo sucede en el futuro. Tampoco se trata solamente de dividir, una vez más, a las personas en dos bandos: los buenos y los malos. Lo más grave de todo, según mi opinión, es que se puede

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