Las misses peruanas ponen el dedo en la llaga
8 November 2017
Siempre he tenido sentimientos encontrados con respecto a los concursos femeninos de belleza. Es difícil dejar de pensar que se trata de certámenes creados por hombres, destinados a un público conformado mayoritariamente por hombres, y cuyo principal cometido es perpetuar la cosificación de la mujer. Sin duda estos concursos representan una prueba más de que seguimos habitando en sociedades eminentemente machistas. Pero luego me pongo a pensar: ¿es realmente grave o censurable el hecho de situar, en un mismo espacio, a un grupo de mujeres cuya belleza es notoriamente sobresaliente? Después de todo, ¿a quién no le gusta apreciar la belleza? ¿Cuántas oportunidades se nos presentan en la vida, a nosotros los simples mortales de atractivo promedio, de observar de forma simultánea a decenas de seres humanos objetivamente hermosos? Y al fin y al cabo, ¿no vamos la mayoría de las veces, por ejemplo, a las salas de cine para extasiarnos con unos intérpretes de cuyo atractivo físico estamos inconfesadamente enamorados? Una vez más, ¿hay algo de malo en observar y admirar la belleza física objetiva? No por nada también existen concursos masculinos de belleza, y ninguno de ellos recibe la acu