Nicaragua quiere controlar el contenido de las redes sociales
21 March 2018
Innumerables gobiernos alrededor del mundo están debatiendo la manera de enfrentarse a la propagación de las noticias falsas a través de las redes. Se trata de un fenómeno que va in crescendo y que socava las bases del propio sistema democrático. Si los ciudadanos no pueden dar credibilidad a la noticia que tienen ante sus ojos, o peor aún, si cada ciudadano puede escoger libremente la “verdad” que más se ajuste a sus intereses e ideologías particulares, la realidad misma pierde consistencia y resulta imposible que una sociedad pueda embarcarse en un proyecto en común.Hay quienes, sin abandonar su optimismo innato, defienden una lucha justa entre la verdad y la mentira, algo así como una batalla entre el bien y el mal librada en el campo del libre mercado. Según esta teoría, en mi opinión bienintencionada pero algo ingenua, la verdad siempre debería prevalecer sobre la mentira. Olvidan estos personajes que la mentira, sobre todo la mentira malintencionada, siempre juega con ventaja. Su poder de propagación es siempre superior a la verdad, usualmente tibia, gris y aburrida. Además, realizar periodismo de calidad resulta muy costoso. En cambio, difundir la falsedad prácticamente sale