El Premio Nobel de la Paz se suma al movimiento feminista global
10 October 2018
Ha transcurrido un año exactamente desde que, en octubre del 2017, emergiera en Estados Unidos un fenómeno que se hizo mundialmente famoso bajo la etiqueta de #MeToo. Hay quienes afirman que el #MeToo es un movimiento eminentemente anglosajón y protestante, cuya gestación, tal como hemos visto, se produjo en el interior de la sociedad estadounidense. Prueba de ello serían los incontables escándalos surgidos en aquel país en los últimos meses. Y también la reacción desmedida, colindante con el puro enfurecimiento, que han protagonizado muchos hombres, quienes ven peligrar los privilegios atesorados en una sociedad tradicionalmente patriarcal. Esta reacción, de claros tintes misóginos, podría tener su más fiel reflejo en el interés, por parte de los sectores más conservadores del país, por otorgar un cargo vitalicio en el Tribunal Supremo a un personaje tan reaccionario y poco admirable como el juez Brett Kavanaugh.Sea como sea, lo cierto es que si el “terremoto” #MeToo tuvo su epicentro en la sociedad estadounidense, sus ondas sísmicas también se han expandido al resto del planeta. Los efectos se han podido percibir con claridad en innumerables puntos del globo. Y tanto es así, que