Arabia Saudí continúa despreciando a la opinión pública internacional
7 November 2018
Muchos analistas y expertos geopolíticos a lo largo del último siglo han hablado de una especie de "maldición del petróleo". Según esta teoría, la inmensa mayoría de los países cuya economía se basa, fundamentalmente, en la extracción del preciado "oro negro" está condenada a pagar un alto precio por ello. Por un lado, la dependencia extrema de un único recurso natural crea grandes mecanismos internos de corrupción gubernamental (como en el caso de Venezuela). Y por otro también ayuda, gracias a la enorme riqueza financiera que dicho recurso provee, a afianzar regímenes autoritarios y antidemocráticos (como en el caso de Arabia Saudí... y Venezuela). Esto lo podemos apreciar claramente en el caso del régimen de Riad. El Reino saudí siente que puede jugar con total libertad e impunidad en el tablero de la política internacional. No sólo se permite sojuzgar a sus propios ciudadanos —en especial a las mujeres— gracias a un sistema de gobierno liberal y prácticamente teocrático, sino que además se da el lujo de ignorar las críticas internacionales que señalan sus desmanes, sabiendo que aquello no afectará el buen funcionamiento de su economía.
Lo acabamos de ver con el caso de Jamal Kh