La inversión china intensifica la corrupción en Venezuela
5 December 2018
Hace décadas China era considerada un "gigante dormido". Pero hace ya años que despertó de su profundo sueño. Con un crecimiento anual del PIB que lleva décadas situándose por encima del 7% —los países del Primer Mundo rara vez alcanzan el 3%—, China ha pasado a convertirse en la segunda potencia económica del planeta, sólo por detrás de Estados Unidos. Las proyecciones estiman que antes del año 2050 China ya se habrá convertido en la primera economía mundial. Este espectacular crecimiento económico ha tenido como consecuencia que Beijing haya querido ampliar su área de influencia en el resto del globo. Gracias a estos planes expansivos, ha logrado absorber una ingente cantidad de recursos de países extranjeros —tales como alimentos y combustibles fósiles— indispensables para abastecer a su industria y a una creciente población. El problema está en que esta estrategia ha tenido como objetivo prioritario aquellos países del mundo en los que la pobreza y la corrupción están más arraigadas. Y por desgracia, China, en muchos casos, ha logrado acentuar aún más los problemas de corrupción allí donde ha puesto el ojo, pues se ha aprovechado de acuerdos económicos fraudulentos con burócrat