México quiere llegar a la Luna
10 January 2024
Que México mantiene una estrecha relación con la astronomía fue algo que descubrí gracias a la escritora francomexicana Elena Poniatowska y su novela La piel del cielo. En ella el protagonista es un alter ego del marido de la autora, Guillermo Haro, quien en el siglo XX descubrió nebulosas planetarias, numeró estrellas y llegó a dirigir el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México.Tirando del hilo de Guillermo Haro hacia el pasado, llegué entonces al siglo XIX, y con sorpresa descubrí que ya en 1874 una expedición mexicana había viajado a Japón para presenciar el tránsito de Venus ante el disco solar. Los datos recabados en esa misión mostraron que México estaba entonces a la vanguardia de la astronomía. De hecho, en mayo de 1878, bajo la presidencia de Porfirio Díaz, se inauguró el Observatorio Astronómico Nacional.
Mi viaje astronómico hacia el pasado me llevó luego al siglo XVII, cuando el matemático y astrónomo Diego Rodríguez publicó un tratado para la predicción y medición de eclipses. Entonces caí en la cuenta de que, en realidad, ya antes México había tenido una relación privilegiada con los cielos. Los mayas y los aztecas fueron grandes astrónomo