La eterna cantinela de Javier Milei
5 June 2024
Jonah Elkowitz / Shutterstock
Hace algunas semanas, el politólogo búlgaro Ivan Krastev
expuso una paradoja bastante llamativa en relación a Italia: desde que la populista Giorgia Meloni llegó al poder, ha aumentado el número de inmigrantes irregulares en aquel país. Y, sin embargo,
la inquietud colectiva ante las olas migratorias se ha apaciguado en gran medida. Un fenómeno para el que Krastev ofreció su lúcida explicación: "Para muchos votantes de
extrema derecha lo importante es que su gobierno exprese abiertamente como ellos su
odio a la inmigración". Este
acertado análisis también podría incluir a Donald Trump. Los esfuerzos del expresidente estadounidense por
detener la inmigración irregular mientras estuvo en la Casa Blanca fueron prácticamente nulos. Y aun así, Trump hoy en día
cuenta con enormes posibilidades de volver a ser presidente. Sobre todo gracias, una vez más, a su agresivo
discurso anti-inmigración. La conclusión, en efecto, está clara: los electores radicales
parecen contentarse con el simple hecho de que sus líderes compartan en público sus mismas fobias y aversiones. Aunque al final
nunca ofrezcan soluciones efectivas.
Todo esto, por supuesto,
también es aplicable a otro célebre líder ultrad