El próximo 14 de febrero se celebrarán las elecciones autonómicas en Cataluña. Se trata de una fecha que muchos aguardan con bastante interés y curiosidad (yo entre ellos), porque aquel día sabremos si el movimiento independentista catalán, tras el fiasco de la declaración unilateral e ilegal de independencia en octubre del 2017, aún sigue robusto y con buena salud. O si por el contrario, tal como muchos vaticinan está perdiendo fuelle. Es una gran incógnita. Recordemos que el independentismo nunca ha conseguido superar, en unas elecciones, la marca del 50% de apoyo entre los votantes. Los principales partidos secesionistas esperaban cruzar, finalmente, esa barrera psicológica en estas próximas elecciones, algo que les podría brindar cierta legitimidad para continuar adelante con su proyecto rupturista. Pero todo parece indicar que "va a ser que no", tal como se suele decir coloquialmente aquí en España. Las encuestas definitivamente no están del lado del independentismo. Los seguidores del movimiento secesionista, al parecer, exhiben cierto agotamiento tras tantos años de promesas incumplidas, algo que quizá aleje a muchos de ellos de las urnas el próximo 14 de febrero. Además, ac
Cuando, hace ya más de un mes, se anunciaron, aprobaron y comenzaron a distribuirse varias vacunas en todo el mundo para luchar contra la pandemia del coronavirus, muchos creyeron ver finalmente la luz al final del túnel. Sin embargo, esa luz está siendo ahora mismo bastante tenue, de modo que la salida del túnel se vislumbra aún muy distante. Sobre todo porque el proceso de vacunación se está desarrollando con mucha lentitud en la inmensa mayoría de los países. Por ejemplo, se estima que apenas el 2% de la población en España ha recibido hasta ahora la tan ansiada vacuna. Pero éste no es el único contratiempo que ha generado indignación en buena parte de la población española. Lo que ha terminado de encender los ánimos ha sido, además del lento ritmo de vacunación, el hecho de que varios altos cargos gubernamentales han tomado la decisión de saltarse su turno para vacunarse antes de tiempo. Se supone que, en estos momentos, únicamente el personal sanitario que se encuentra en la primera línea de batalla y la población de riesgo que habita en las residencias de ancianos pueden ser vacunados contra el Covid. Es por ello que ha causado un enorme revuelo mediático la noticia de que va
El largo y complicado proceso de vacunación contra el Covid, a nivel global, está siendo, tal como muchos ya predijeron, bastante lento. Se estima que, por ejemplo, en Europa apenas un 2% de la población ha recibido la primera dosis de la vacuna Pfizer, mientras que Estados Unidos se encuentra en torno al 7% (Reino Unido lo está haciendo un poco mejor, rondando un aceptable 10%). Y las cifras son aún mucho más preocupantes en países menos desarrollados económicamente.
Pero si hay un país en el mundo que está sorprendiendo a todos debido a su eficacia, ése es Israel. Allí, aproximadamente la mitad de la población ha recibido ya la primera dosis de la vacuna Pfizer. Y según las predicciones brindadas por el gobierno liderado por Benjamín Netanyahu, en las próximas semanas el 10% de la población israelí ya habrá recibido la segunda dosis. Sin duda, Israel va camino de convertirse en el primer país que genere la tan esperada inmunidad de rebaño, objetivo indispensable para vencer finalmente a la pandemia. También es cierto que Israel lo tiene un poco más fácil a la hora de inmunizar a su población. Por un lado, cuenta con ingentes recursos económicos, algo que le ha permitido pujar con
Definitivamente algo está cambiando en Rusia en los últimos tiempos. Y la mayor transformación está relacionada con la pérdida del miedo por parte de incontables ciudadanos.
Y uno de los que más han demostrado haber perdido por completo el miedo en los últimos tiempos es Alekséi Navalny, el principal líder opositor del régimen autoritario y represivo liderado por Vladimir Putin. Tras ser envenenado, el pasado agosto, en territorio ruso (algo que, según todos los indicios, fue una acción realizada bajo las órdenes de Putin), Navalny fue trasladado a Alemania para ser tratado de urgencia. Allí permaneció cinco meses recuperándose, hasta que a mediados de enero tomó la valerosa decisión de regresar a su patria. Y todo ello a pesar de las reiteradas advertencias por parte de las autoridades rusas, las cuales venían avisando de que sería apresado en cuanto pusiera un pie en Rusia. Dicho y hecho. El pasado 17 de enero, fue arrestado apenas cruzó el control de pasaportes, bajo el pretexto de que había incumplido las condiciones impuestas por una condena previa de corrupción. Yo particularmente me quito el sombrero ante Navalny. No hay duda de que se trata de un líder político que no retroc
A la derecha política, para qué negarlo, nunca le ha sentado bien el feminismo. Al parecer, hay algo en este movimiento social que le irrita profundamente. Y esto suele ocurrir en cualquier país del mundo. Las razones de esta evidente antipatía hacia un grupo de individuos, en su gran mayoría mujeres, que tan sólo busca alcanzar la plena igualdad con respecto a los hombres, darían para escribir un libro entero. Sin embargo, y a muy grandes rasgos, quizá todo se resuma al hecho de que una persona de derechas, al ser de ideología conservadora, se opone de forma natural a cualquier iniciativa que intente alterar el status quo imperante. Y un grupo de mujeres buscando revertir las dinámicas de poder que se han establecido durante siglos es algo que ningún conservador, especialmente si se trata de un hombre, puede ver con buenos ojos. Ahora bien, lo que jamás llegaré a entender es por qué una mujer puede apoyar a partidos políticos claramente antifeministas, pero yo no soy Sigmund Freud para intentar adentrarme en los recovecos mentales de otra persona.
Esta natural antipatía, o resistencia, en contra del feminismo ha saltado, la semana pasada, a los titulares de los periódicos en España