El pasado 31 de octubre, arrancó en la ciudad escocesa de Glasgow la edición 26 de la COP, el marco en el que la comunidad internacional se reúne para hablar sobre el cambio climático. Y esta vez, lo hacía con todavía mayor urgencia que en ocasiones anteriores. La crisis climática se ha hecho muy patente en estos últimos meses. Las inundaciones del pasado verano en Alemania, la ola de calor extremo vivida en la costa del Pacífico de Canadá, las sequías que se eternizan en el Cuerno de África o los incendios que, un verano más, han hecho de California un auténtico infierno son, quizás, los ejemplos más visibles del cambio que está experimentando el clima de la Tierra y que, según la evidencia científica, tiene como principal causa la acción directa del hombre.
En ese contexto, llegaban a Glasgow líderes políticos y empresariales de todo el mundo; algunos en aviones privados, haciendo gala de una insensibilidad increíble. En las dos primeras jornadas de la conferencia se sucedieron los anuncios grandilocuentes: más de 100 países se sumarían a un compromiso para reducir en un 30% las emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero más perniciosos; decenas de naciones prome
La salida del Reino Unido de la Unión Europea, popularmente conocida como Brexit, está causando problemas antes inimaginables. Ya hemos podido ver a lo largo de las pasadas semanas los problemas de suministro y de falta de transportistas en territorio británico y, en menor medida, en suelo europeo. La tensión social y política en Irlanda del Norte, provincia británica en un país como Irlanda que sigue formando parte de los 27, ha aumentado considerablemente, alimentada por los obstáculos burocráticos, los controles de mercancías y la confusión generalizada en la que se encuentran sumidos empresas y particulares a ambos lados del Canal de La Mancha.
El último ejemplo de las dificultades que está generando el Brexit es el enfrentamiento entre Londres y París a cuenta de un puñado de licencias pesqueras. Todo comenzó cuando Francia denunció que el gobierno británico no estaba concediendo a sus pesqueros de menos de 12 metros de eslora las licencias para faenar en aguas británicas del Canal de La Mancha, tal y como se estipula en el acuerdo de salida de la Unión Europea. Según Downing Street, algunos de esos buques no estaban demostrando que llevan tiempo faenando en esa zona, como est
En diciembre de 2014 tuve la fortuna de mudarme con mi esposa a Chicago. La “Ciudad del Viento” nos recibió con su gélido invierno, sus espectaculares vistas al Lago Michigan y su impresionante downtown, repleto de rascacielos. Al lado de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, la John Hancock Tower, es donde nació mi hija. Y fue entonces cuando me di cuenta de la fortuna que tenemos en España al disfrutar de un permiso de maternidad y de paternidad digno.
Ya a principios del siglo XX , concretamente en el año 1900, el gobierno español aprobó una ley que otorgaba una serie de derechos a las mujeres que daban a luz: 3 semanas de descanso tras el parto; posibilidad de pedir la baja laboral antes del nacimiento del bebé; reserva del puesto de trabajo a la madre; o el establecimiento de una hora de permiso retribuido durante la jornada laboral para la lactancia. Durante la II República, en 1931, esos derechos se ampliaron, con una ayuda y una baja de doce semanas. El estallido de la Guerra Civil, en 1936, y la dictadura franquista supusieron, sin embargo, un paso atrás en esta materia, aunque con Franco se aprobaron ayudas a las familias numerosas, para fomentar la natalidad
Carmen Mola. Profesora de cuarenta y ocho años. Reside en Madrid, está casada y tiene tres hijos. Escritora de éxito, esta mujer se ha hecho un nombre en el panorama literario español gracias a su trilogía La novia gitana, con la que ha vendido cientos de miles de ejemplares, no sólo en España sino en otros países.
Esto que escuchan podría ser una reseña más de una novelista española de relumbrón. Carmen Mola. “Molar” es un coloquialismo derivado del “caló”, la lengua gitana y, según el diccionario de la Real Academia Española, significa “Gustar, resultar agradable o estupendo”. Un término perfecto para crear un seudónimo con el que se ocultaba la identidad de esta mujer que tanto éxito estaba cosechando en las librerías. Pero la edición de 2021 del Premio Planeta, el más dotado del mundo con un millón de euros y que se falló el pasado 15 de octubre, ha acabado con el misterio. Carmen Mola, autora de La Bestia, la novela ganadora del galardón, ni es profesora ni es mujer. Tras el seudónimo se esconden tres hombres, tres guionistas: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez.
La sorpresa colectiva ha dado lugar a un intenso debate, tanto en el mundo literario como en las redes s
Todo aficionado al ciclismo que se precie reconoce enseguida a Alejandro Valverde. Su cuerpo enjuto, su despoblada cabeza y su eterna sonrisa son fácilmente reconocibles en el pelotón internacional. Pero cada vez queda menos tiempo para verle en la carretera. “El Bala”, como es conocido en el mundillo, anunció el pasado 26 de octubre en una entrevista para Radio Nacional de España que esta temporada será su última como profesional. Cumplirá cuarenta y dos años el próximo mes de abril y lleva más de veinte dando pedales.
Alejandro ha escrito páginas gloriosas para la historia del ciclismo español. Aún recuerdo su primer triunfo, en el año 2003. Valverde había ganado dos etapas en La Vuelta a España, y poco después conseguiría la medalla de plata en el Mundial de Ciclismo de Hamilton, en Canadá. Era el principio de una brillante carrera que pocos pudieron imaginar. Una trayectoria que, sin embargo, también se vio empañada por su implicación en la denominada “Operación Puerto”, un escándalo de dopaje de cuando el ciclismo era prácticamente sinónimo de trampa y sospecha. Corría el año 2010 y Valverde, que siempre ha negado las acusaciones, fue sancionado con dos años de suspensión. Much