La variante ómicron. Estos días, parece que no se habla de otra cosa. ¿Va a ser esta nueva mutación del coronavirus una “falsa alarma”, como la variante beta, o podría llegar a convertirse en la versión dominante del virus, como ocurrió con la variante delta?
En vista de las mutaciones detectadas en ómicron, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una variante preocupante. Y estima el riesgo global asociado a esta nueva cepa como “muy alto”. Mientras la ciencia estudia la situación, la OMS recomienda aplicar las medidas que a estas alturas nos resultan tan familiares a todos: llevar mascarilla, guardar la distancia de seguridad, evitar las aglomeraciones…
Imagino que gobiernos de todo el mundo tiemblan ante la perspectiva de que ómicron pueda significar un retroceso importante en la gestión de la pandemia. Quizá por ello diversos países, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y los países de la Unión Europea ya han cerrado sus fronteras a Sudáfrica —el país donde se detectó inicialmente ómicron— y a otros países del África meridional. Japón ha ido más lejos y este lunes, 29 de noviembre, anunciaba el cierre total de sus fronteras.
Comprensiblemente, la implanta
En nuestro país, actualmente casi el 80 % de la población ha recibido la pauta completa de vacunación contra el coronavirus. Un muy buen porcentaje que, en las últimas semanas, sin duda nos habrá ayudado a mantener una incidencia relativamente baja de nuevos casos, mientras la mayor parte de Europa caía víctima de una nueva ola de infección.
Sin embargo, no podemos bajar la guardia. La incidencia de Covid-19 en nuestro país, que a mediados de octubre estaba en 40,5 casos por cada 100.000 habitantes, ha repuntado hasta los 112 actuales. ¿Cómo evitar que la situación se descontrole? ¿Es posible llegar a la famosa inmunidad de grupo, que según algunos expertos alcanzaríamos con un 90 % de la población vacunada?
Del 20 % de la población que falta por vacunar, aproximadamente un 10 % son menores de 12 años. Se espera que, con suerte antes de fin de año, Europa autorice la vacunación de niños de entre 5 y 11 años, lo cual sería una gran ayuda. Pero ¿quién es el otro 10 % de la población, en este caso adultos, que está sin vacunar?
Sospecho que muchos tenemos nuestras teorías —prejuicios, incluso— sobre quiénes son estas personas. Pero, en España, una encuesta reciente del Centro de Investig
Diego Bello estaba viviendo su sueño. Había dejado su Galicia natal a los 19 años y la pasión por el surf le había llevado a Tailandia, Honduras, México, Australia… Desde 2017 vivía en la isla filipina de Siargao. Quizá pensó que había encontrado el lugar donde echar raíces. En Siargao montó el White House Hostel, un alojamiento para surfistas. El negocio prosperaba y, después, Diego abrió una tienda de surf y, junto con dos socios, más tarde lanzó también el restaurante La Santa. Alquiló una casa cerca del mar, un lugar tranquilo donde vivía con su novia.
Ese sueño acabó trágicamente el 8 de enero de 2020. En la madrugada de ese día, Diego fue asesinado a tiros por un grupo de desconocidos a la puerta de su casa. Tenía 32 años. Aquellos desconocidos resultaron ser agentes de policía. Aunque, al parecer, las autoridades no habían hablado nunca ni con el joven español ni con nadie de su entorno, en su informe los policías afirmaron que Diego era… un capo de la droga. Supuestamente, habían montado una operación policial para comprarle droga e inculparle, pero, aseguraban, el “sospechoso” abrió fuego y tuvieron que defenderse a tiros.
¿Diego, un peligroso traficante de drogas? En España
Entre las cosas positivas que recordaré de la pandemia de coronavirus está ver en los medios a epidemiólogos como el Dr. Simón en España, o el Dr. Fauci en Estados Unidos. Creo que ambos científicos están haciendo un buen trabajo como coordinadores nacionales de la respuesta a la pandemia. Pero quizá incluso mejor me parece su labor a la hora de informar al público: sin ocultar la verdad pero sin ser alarmistas, dando el punto de vista científico de un modo accesible, ayudándonos a entender por qué son necesarias las medidas que se van tomando.
Como sabrán, en los dos últimos meses, la isla canaria de La Palma ha estado inmersa en una crisis diferente, pero quizá incluso más alarmante que la pandemia: la erupción del volcán de Cumbre Vieja. Medios de todo el mundo han mostrado imágenes de los ríos de lava, las columnas de ceniza, las miles de casas destruidas por la erupción. En esta ocasión, también se ha designado a una persona del mundo científico para mantener al público informado: la directora del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, María José Blanco.
La Dra. Blanco aparece casi a diario en televisión para reportar el estado de la erupción, y está haciendo un gran trabajo
El paso de Albert Einstein por este mundo marcó un antes y un después. Revolucionó, por supuesto, el mundo de la física, y nuestro entendimiento del universo. Y, a un nivel más terrenal, contribuyó, imagino que involuntariamente, pero de manera decisiva, a definir el estereotipo del genio científico despistado y algo extravagante que todavía perdura.
La mejor manera de percibir la genialidad de Einstein probablemente sea estudiando en profundidad su trabajo científico. Y teniendo en cuenta, por supuesto, la perspectiva histórica; apreciando el enorme salto que supusieron sus aportaciones para la física. Pero disfrutar los artículos de Einstein, entendiendo plenamente las implicaciones físicas y matemáticas de lo que uno lee, desgraciadamente solo está al alcance de una minoría.
El resto debemos conformarnos buscando atisbos del genio en otras cosas. Escrutando su mirada en antiguas fotografías en blanco y negro. O admirando los objetos que le pertenecieron, una categoría en la que ocupan un lugar destacado sus manuscritos. Hay algo especial, creo, en las notas manuscritas que deja cualquier persona, pero si estamos hablando de una figura de la estatura de Einstein, el interés se conv