El pasado sábado, 15 de abril, una activista de Greenpeace se hacía una foto frente a la Puerta de Brandenburgo, en Berlín. Detrás de la mujer se veía un dinosaurio de cartón piedra muerto. El dinosaurio representaba la energía nuclear, porque, como sabréis, el sábado Alemania cerró las últimas tres centrales nucleares que permanecían en funcionamiento en el país.
Las organizaciones medioambientales, incluyendo al Partido Verde alemán, que forma parte de la actual coalición de Gobierno germana, celebraron lo que consideran una victoria histórica. Llevaban décadas luchando por que llegara este día. Y ni siquiera la crisis energética que ha sufrido Europa a consecuencia de la guerra de Ucrania ha logrado que se desviaran de su objetivo.
Es tentador decir que la famosa terquedad alemana, o quizá la política, han impedido mantener un tiempo más en funcionamiento las centrales nucleares, en un momento en el que le hubiera venido muy bien a Alemania. Las energías renovables no han podido desarrollarse con la suficiente celeridad como para compensar la abrupta eliminación de las importaciones de gas ruso y el cierre de las centrales nucleares. Entretanto, ¿cómo está generando Alemania la el
La primera vez que visité la Mezquita de Córdoba, confieso que me quedé algo decepcionada. Sabía que se utilizaba desde hacía siglos como templo católico, pero también que era la edificación más importante de al-Andalus. No me esperaba la mezcla de estilos arquitectónicos y de elementos religiosos que encontré en el templo y, la verdad, la sorpresa no fue precisamente agradable.
Imagino que fui naif. ¿Cómo iban los sacerdotes a celebrar la liturgia católica, sin más, en una de las edificaciones más conocidas de la arquitectura religiosa del islam? Al parecer, la Iglesia Católica lleva desde el 1236 administrando la Mezquita. Y, a lo largo de los siglos, se sucedieron las modificaciones arquitectónicas para acercar más la apariencia de la edificación al estilo de un templo católico.
El diario The Guardian describía recientemente el estado actual de la Mezquita como de “una expresión arquitectónica de la compleja e intrincada historia de Europa”. Es una manera de verlo. A mí, francamente, aunque lleven siglos allí, los añadidos católicos me hacen daño a los ojos; me parecen un atentado contra la belleza sublime de la edificación islámica.
En la actualidad, afortunadamente, la normativa
Las islas Baleares son frecuentadas por los ricos y famosos. No faltan los superyates, las mansiones, lo exclusivo. Y, sin embargo, a la vez, en el archipiélago cada verano siguen muriendo turistas haciendo balconing. Tras este curioso, quizá incluso divertido nombre se oculta una peligrosa práctica en la que jóvenes visitantes, con frecuencia borrachos, o bajo los efectos de las drogas, pasan de balcón a balcón en un alojamiento turístico.
El balconing, como otros síntomas del turismo de excesos, se resiste a desaparecer y, sin embargo, en las Baleares las cosas están cambiando. Cualquier mallorquín, menorquín o ibicenco os dirá —probablemente en tono suspicaz— que lleva toda la vida escuchando la cantinela del turismo de calidad, pero sin ver ningún cambio en la práctica. Esta vez, sin embargo, parece que es distinto.
Contaba el diario La Vanguardia el pasado 9 de abril que el archipiélago balear “se encamina hacia la reinvención turística”. Dicho así suena a algo nuevo, quizá a proyecto de futuro. Un modelo turístico asentado no se cambia, por supuesto, de la noche a la mañana. Pero, en realidad, la industria turística de las islas lleva al menos una década embarcada en una import
Xi Jinping, el presidente chino, debe ser muy persuasivo. Durante una entrevista posterior a su reciente visita a Pekín, el presidente francés, Emmanuel Macron, se preguntaba cómo podría Europa decirle a China, en relación a Taiwán: “cuidado, si haces algo malo responderemos”, si los europeos no son capaces ni de resolver la crisis de Ucrania. Música, sin duda, para los oídos de Xi.
En la misma entrevista, como comenta el New York Times en un artículo reciente, Macron adoptaba también la terminología china del mundo “multipolar”. Uno casi parecía escuchar al presidente chino hablando por boca de Macron. ¿Inteligencia emocional? ¿O es que el concepto de “autonomía estratégica” que tanto repite el dirigente galo consiste en decirle a cada interlocutor lo que quiere oír?
Claramente, el presidente francés tiene grandes ambiciones personales, nacionales y también para la Unión Europea, a quien quisiera ver convertida en una “tercera superpotencia mundial”. Cómo pretende llevar a la práctica esas ambiciones en relación a China, sin embargo, parece mucho menos claro, más allá de generalidades como que hay que dejar de comportarse como “vasallos” de Estados Unidos… otra bomba diplomática que
Hace unos años, tuve oportunidad de vivir un tiempo en Ámsterdam. A veces, la gente me pregunta por el Rijks, el museo nacional holandés, que se encuentra en la ciudad. Entonces tengo que admitir, con algo de vergüenza, que nunca lo visité. Nada me impide, por supuesto, ir al Rijks en mi próxima visita a Ámsterdam. Pero os confieso que, a mí, estos grandes museos —como el Louvre, en París, la National Gallery, en Londres, o el Prado, en Madrid— me intimidan un poco. Tengo que hacer acopio de energía para ir. Prepararme psicológicamente.
Sospecho que no soy la única a quien le pasa. Quizá en parte es por ello que el canal de TikTok del Prado está teniendo tanto éxito. No intimida. Es ligero como una pluma. Son vídeos cortos, en general de menos de 30 segundos, con curiosidades sobre las obras de arte o sobre las instalaciones del museo. “Bocados” de información. Invitaciones a conocer más.
Tomemos, por ejemplo, el vídeo titulado “La Pincelada de Clara Peeters”, de 16 segundos de duración. El vídeo empieza mostrando, a cierta distancia, un bodegón de Peeters, una pintora del siglo XVII, de la Escuela Flamenca. Después, la cámara se va acercando hasta situarse a escasos centímetros del