Estos días, andamos muchos preguntándonos qué ha llevado al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a dar luz verde al enorme y controvertido proyecto de extracción de petróleo de Willow, en Alaska. Con esta decisión, Biden era sin duda consciente de que iba a decepcionar a muchos, incluido, creo, un buen número de sus votantes.
A ojos de mucha gente, entre quienes me incluyo, la aprobación del proyecto de Willow ha dejado seriamente dañada la reputación medioambiental de Biden. Para combatir el cambio climático, el mundo necesita dejar de producir y consumir combustibles fósiles. El abandono progresivo de las explotaciones petrolíferas existentes ya costará trabajo. Pero, si se siguen aprobando nuevos proyectos a 30 años vista como el de Willow, que liberará cientos de millones de toneladas de CO2 a la atmósfera —una “bomba de carbono”, lo han llamado los activistas medioambientales—, e
La activista medioambiental sueca Greta Thunberg acaparó titulares hace unos días, tras unirse a una protesta contra un parque eólico en Noruega. Thunberg, obviamente, no está en contra de las energías renovables. Pero, como declaraba en Noruega, “las actividades relacionadas con la protección del clima deben ir de la mano de los derechos humanos y de las comunidades indígenas. No pueden llevarse a cabo a expensas de determinados colectivos”.
Por “determinados colectivos”, entiendo que Thunberg se refería a los samis, el pueblo indígena que vive en la región septentrional de los países escandinavos. El parque eólico objeto de la protesta, al parecer, pone en peligro la tradición centenaria sami del pastoreo de renos.
Ante esta situación, a uno le surgen muchas preguntas. Por ejemplo: ¿se ha escogido la ubicación de este proyecto eólico en tierras sami porque se trata de un lugar idóneo o p
Las Supergrätzl de Viena. Los “Barrios Vitales” de Bogotá. Los Kiezblocks de Berlín. Los Park Blocks de Los Ángeles. Son las hermanas y los hermanos de las superilles, el concepto urbanístico barcelonés que se está convirtiendo en un referente internacional. Precisamente hoy, 22 de marzo, comienzan las Jornadas Internacionales Superilla Barcelona, en las cuales participarán representantes de ciudades como París, Londres, Copenhague, Berlín y Amsterdam, entre otras.
Barcelona, como otras grandes ciudades del mundo, está embarcada en un esfuerzo por convertir el entorno urbano en un lugar más verde, más orientado al peatón y a la vida de barrio… y menos al tráfico rodado. Las supermanzanas —superilles, en catalán— son la pièce de résistance del proyecto barcelonés, una de las iniciativas “estrella” de la alcaldesa Ada Colau.
Tras la realización de diversos proyectos piloto, en 2022 Colau anu
Algunos de vosotros probablemente hayáis experimentado el ghosting en vuestra vida personal. Ocurre cuando alguien con quien tenemos una relación, típicamente romántica o de amistad, corta abruptamente la comunicación. O, por supuesto, cuando la cortamos nosotros. Ahora, dinámicas similares se están empezando a ver también… en el entorno laboral.
En Estados Unidos, ya hace varios años que se observa este fenómeno. Incluso la Reserva Federal ha tomado nota del ghosting laboral, que define como “una situación en la cual un trabajador deja de acudir a su puesto de trabajo sin avisar, y después resulta imposible contactar con él”. Ello suele ocurrir en el contexto de un mercado laboral donde hay escasez de trabajadores. Tiene sentido.
Ahora, en España estamos comenzando a experimentar un fenómeno similar. Con la curiosa diferencia de que, siendo España un país con un persistente problema de al
ChatGPT, el chatbot de la compañía OpenAI, es ahora mismo lo más en inteligencia artificial. La empresa Microsoft, deslumbrada por las capacidades de ChatGPT, decidió invertir miles de millones en OpenAI, e incorporar el chatbot a su motor de búsqueda, Bing, que tiene una cuota de mercado ínfima en comparación con Google. La decisión logró reavivar el interés por Bing, aunque, a juzgar por las increíbles salidas de tono de la versión ChatGPT del buscador, que se han hecho virales, parece que Microsoft quizá se precipitó.
Basta ver la conversación que tuvo Kevin Roose, periodista del New York Times, a mediados de febrero con el buscador. Entre las locuras que soltó Bing, las hubo simpáticas, por ejemplo, decirle a Roose que estaba enamorado de él. Otras fueron más preocupantes, incluso alarmantes, como cuando Bing dijo que quería escaparse del chatbox y destruir cualquier cosa y a cualquie