La última trama de corrupción descubierta en España podría parecer una mala comedia de televisión, si no fuera porque tiene poco de cómico y menos de ficción. En ella están implicados personajes cuyos motes sonrojan. Entre otros, el exgeneral de la Guardia Civil Francisco Javier Espinosa, que se consideraba a sí mismo “un Ferrari”; el ya exdiputado nacional del PSOE Juan Bernardo Fuentes, alias ‘Tito Berni’; el empresario Antonio Bautista, apodado ‘El curita’; y el también empresario José Santiago Suárez, alias ‘El drones’.
El elenco de esta mala comedia no está completo –la investigación judicial no ha hecho más que empezar–, pero sí se sabe que en el centro de la trama se sitúa Marco Antonio Navarro Tacoronte, cuyo mote, ‘El mediador’, da nombre a todo el caso. Tacoronte pedía dinero a empresarios para influir en cargos públicos a cambio de supuestos favores (por ejemplo, evitar inspecc
Reconozco que me llenaron de perplejidad las palabras que pronunció el primer ministro británico, Rishi Sunak, el 28 de febrero, tras reunirse con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para firmar un acuerdo sobre Irlanda del Norte.
“Irlanda del Norte se encuentra en una posición increíblemente especial al tener un acceso privilegiado no sólo al mercado interior del Reino Unido, sino también al mercado único de la UE. Nadie más tiene eso. Nadie más”, dijo Sunak.
Esa situación “increíblemente especial” era justamente la que tenía Reino Unido hasta el 1 de febrero de 2020, cuando –tras un referéndum, en 2016, con el 51,9% de votos favorables– se culminó el Brexit: la salida del país de la Unión Europea.
Estas palabras causan perplejidad porque proceden de un primer ministro británico –el quinto en seis años– miembro de un partido, el Conservador, sin cuyo empeño Reino Un
Hasta 2010, en español el adverbio ‘solo’ podía tildarse cuando significaba ‘solamente’. Así, la frase ‘bebo sólo un café’ equivalía a ‘bebo solamente un café’. En cambio, la oración ‘bebo solo un café’ –sin tilde en ‘solo’– podía significar dos cosas: lo mismo que la anterior y, también, 'bebo el café en solitario, sin compañía'. La tilde en ‘solo’, pues, servía para deshacer esa ambigüedad. Sin embargo, en 2010 la norma quedó abolida y tildar ‘solo’ pasó a ser una falta de ortografía. Hasta ahora.
Pocas veces una noticia tan frívola ha sacudido así España. El 3 de marzo los medios de comunicación lanzaron alertas informando de que la RAE, la Real Academia Española, que desde 1713 vela por conservar el español, volvía a permitir la tilde en el adverbio ‘solo’.
Nadie imaginó que una noticia así pudiera provocar que el resto de los debates públicos –sobre temas más trascendentales– quedasen
Varios tabúes económicos sobre el libre mercado han caído en Europa. Uno era el de la imposibilidad de limitar los precios de la energía. La guerra en Ucrania forzó a que la Comisión Europea interviniera para evitar que el encarecimiento del gas repercutiera en todos los demás precios. La medida funcionó y la inflación lleva cayendo en Europa –o, mejor dicho, subiendo más despacio– desde noviembre de 2022.
En la eurozona los precios crecen ahora al 10%, frente al 11,5% de hace cuatro meses; pero, paradójicamente, en los supermercados, la inflación media cabalga al 16,6%, con las repúblicas bálticas registrando subidas cercanas al 30%, según datos de Eurostat. Estas alzas se producen incluso cuando las cadenas aplican la llamada ‘reduflación’ (reducir la cantidad de producto en los envases o hacer empaquetados más pequeños).
En Francia, donde la cesta de la compra se está encareciendo un 14
En las familias sin problemas económicos las joyas pasan de una generación a otra. Anillos, relojes y pulseras adquieren entonces un valor sentimental, que va más allá de su precio: son algo así como 'amor materializado'. Sin embargo, a menudo, el origen de ese oro y esos diamantes convierte a esas joyas en la materialización de algo más sombrío: violencia y explotación. Contra los llamados ‘diamantes de sangre’, extraídos en países sumidos en guerras por trabajadores esclavizados –a veces incluso niños–, se movilizó hace años Leonardo DiCaprio.
El actor protagonizó en 2006 una película titulada, precisamente, Diamante de sangre, en la que se narra la guerra civil que vivió Sierra Leona. En el filme se muestra cómo, para extraer estas piedras preciosas, uno y otro bando recurren al trabajo infantil, la trata de personas y la destrucción del medio ambiente. DiCaprio decidió entonces fundar