Es curioso cuánto se parecen los parlamentos modernos a los teatros clásicos de Grecia y Roma. Ambos recintos sirven para lo mismo: los ciudadanos se ven reflejados en lo que allí sucede. Un drama es una representación ejecutada por actores; un político es, también, un representante. España se prepara para vivir, en las próximas semanas, una función teatral singular: una moción de censura.
Se trata de un mecanismo político mediante el cual, en plena legislatura, un partido de la oposición presenta un candidato alternativo ante el Congreso para intentar desalojar al presidente del Gobierno. Cualquier ciudadano puede ser candidato.
En esta ocasión, el partido ultraderechista Vox es quien ha presentado la moción y su candidato es Ramón Tamames, un economista de 89 años que llegó a ser dirigente del Partido Comunista en la clandestinidad, durante la dictadura del general Franco, y que actualmente no milita en ninguna formación.
El caso de Tamames no es raro en España. Muchos antiguos izquierdistas transitaron hacia el centro y luego hacia la derecha al asentarse la democracia. Él, además, ha desarrollado una prolífica carrera empresarial y académica. Dos de sus libros, Estructura Económic
Nunca olvidaré la primera vez que, con ocho o nueve años, me llevaron a un gran estadio de fútbol. En mi memoria queda el espectáculo de ver a cientos de miles de personas bramando con las jugadas; también el olor a cerveza, orín y humo de los puros, y un cántico repetido desde las gradas: “árbitro comprado, pito regalado”.
Esa consigna, que tantas veces escuché después, incluso en partidos infantiles, a veces se expresaba de otra manera: diciendo que el árbitro era muy ‘casero’, es decir, que favorecía al equipo local. Siempre he pensado que en las gradas de los estadios afloran los peores instintos humanos y que era injusta esa acusación general contra los árbitros de vender su neutralidad a cambio de dinero, regalos o incluso servicios sexuales.
Sin embargo, estos días España vive inmersa en una enorme controversia que apunta precisamente a la compra sistemática de árbitros por parte del Fútbol Club Barcelona. Los hechos, destapados por una inspección de Hacienda y publicados en exclusiva por el diario El Mundo, se remontan al año 2001. Desde esa temporada, y hasta 2018, el que fuera vicepresidente de los árbitros españoles, José María Enríquez Negreira, habría cobrado del club ca
Erdogan llegó al poder gracias a un terremoto y puede que ahora otro terremoto acabe desalojándolo de la presidencia de Turquía. El político conservador, de 68 años, labró en 2002 su primera gran victoria electoral denunciando la negligencia de sus predecesores para evitar las 18.000 muertes y los daños millonarios que en 1999 había causado en la ciudad de Izmit un seísmo de magnitud 7,4. Ahora, las devastadoras consecuencias del terremoto del pasado 6 de febrero han dejado a Erdogan en evidencia.
Ese día, la tierra tembló entre Turquía y Siria con una violencia inusitada. El seísmo principal alcanzó una magnitud de 7,8 en la escala de Richter y fue seguido durante días de más de 2.000 réplicas, incluida una de magnitud 6,3 el pasado 20 de febrero. La cifra de muertos a ambos lados de la frontera turco-siria supera ya los 50.000, la mayoría en territorio de Turquía.
Transcurrida la emergencia, las miradas se vuelven hacia el presidente. En primer lugar, por la tardanza en desplegar la ayuda. Las tareas de rescate antiguamente recaían en el Ejército, pero Erdogan decidió hace años despojarlo de esas competencias, en una estrategia para debilitar el poder interno de los militares. Ello
“El amor es compartir una contraseña”. Corría el año 2017 cuando el perfil oficial de Netflix en la red social Twitter publicó este mensaje. Seis años después, la plataforma de series y cine acaba de restringir esa posibilidad. El idilio entre Netflix y sus más de 230 millones de suscriptores acaba con aires de desengaño amoroso.
Las caretas se han caído y la imagen real de la compañía es la de tantas otras: una organización que busca maximizar el beneficio económico, por encima de simpatías y afinidades. Pero el fin de las contraseñas compartidas supone mucho más que un desengaño para los suscriptores: afecta a sutiles equilibrios familiares y personales.
La exnovia de mi amigo Julián usaba hasta ahora sus contraseñas. A Julián no le importaba, aunque su ex estuviera casada desde hace años con otra persona. Esa contraseña compartida era un agridulce recuerdo del pasado. Un pasado que nadie parecía tener prisa por borrar. Nadie, salvo Netflix.
En mi cuenta personal también hay varios perfiles. Uno lleva el nombre de la calle donde vivían mis padres, antes de que mi madre se mudase a las afueras de la ciudad. Ella todavía utilizaba ese perfil que ahora, al no convivir conmigo, ya no di
Suele decirse que casi todo lo que ocurre en la actualidad ya sucedió previamente en un episodio de la serie Los Simpsondiario.. Desde luego, lo que ha vivido estas semanas la histórica ciudad de Salamanca recuerda al capítulo en el que los vecinos de Springfield deciden construir un enorme tren monorraíl.
Salamanca es una ciudad monumental, declarada en 1988 Patrimonio de la Humanidad. Es conocida por su universidad –una de las más antiguas del mundo– y, también, por ser referente en la enseñanza del español para extranjeros. Pero estos días la ciudad atrae las miradas por la noticia de un proyecto urbanístico que prometía una inversión de casi 16.000 millones de dólares.
Ese plan, auspiciado por una empresa llamada Peace City World (PCW) proyectaba levantar nuevos barrios, un telesilla, un planetario y un tranvía con 30 paradas. John Mavrak, presidente de PCW, prometió crear una ‘Nueva Dubái’ en la zona y llegó a firmar acuerdos con Salamanca y con pueblos del entorno.
Del Golfo Pérsico provenían algunos de los supuestos inversionistas que el pasado mes de enero acudieron a un congreso de PCW. Un evento que llenó la ciudad de visitantes vistiendo el atuendo tradicional de los jeques